Creo que todo el mundo tiene un montón de llaves: las de la puerta principal y la trasera, las del coche, las de la caja fuerte, las del cobertizo... ¡y la última del llavero es inevitablemente la que se busca! Parece que estamos casi obsesionados (con razón) con la seguridad de nosotros mismos o de nuestras cosas. Pero, ¿se ha preguntado alguna vez de dónde surgió la idea?

Al parecer, las primeras llaves y cerraduras aparecieron hace 6.000 años en el antiguo Egipto: eran de madera y la llave tenía el aspecto de un cepillo de dientes. Eran pesadas y no muy duraderas, pero tenían la técnica de la caída de pasadores para controlar el movimiento del cerrojo de seguridad. El cerrojo podía liberarse introduciendo estas enormes llaves en las cerraduras, y levantándolas manualmente hacia arriba, desplazando los pasadores que se mantenían abajo por la gravedad.

A veces, estas cerraduras de madera se encontraban en el interior de las puertas, y se hacía un agujero en la puerta para introducir el brazo que sostenía la llave en una incómoda maniobra antes de poder proceder al desbloqueo.

Curiosamente, tanto Occidente como Oriente (sobre todo China) desarrollaron la idea de la cerradura y la llave de forma independiente, e incluso en aquellos tiempos antiguos, la gente quería tener la posibilidad de salvaguardar sus posesiones y guardarlas en lugares donde nadie más pudiera acceder a ellas.

Los romanos

Los romanos introdujeron muchas mejoras, haciendo que las llaves fueran lo suficientemente ligeras como para poder llevarlas encima, pero el carácter caro de las cerraduras y su incapacidad para soportar la fuerza bruta o la facilidad de forzarlas hizo que parecieran sólo un símbolo de riqueza, influencia y nobleza.

Las llaves pequeñas de metal (incluso de plata u oro) solían considerarse una de las formas más eficaces de mostrar públicamente tu riqueza, ya que sólo las personas muy ricas podían permitirse tener cajas fuertes o puertas con cerraduras.

Tras la caída del Imperio Romano, las cerraduras y las llaves permanecieron relativamente sin cambios durante más de 1500 años. Los cerrajeros que creaban cerraduras y llaves a mano siguieron siendo empleados sólo por los ricos, que exigían cada vez más protección.

Para combatir a los ladrones y a los intrusos, las cerraduras de esa época se hicieron cada vez más complicadas, a menudo con diseños complicados, cerraduras múltiples, cerraduras falsas y cualquier otra cosa que pudiera obligar a un ladrón a rendirse finalmente.

Se dice que hace varios siglos en España había una gran desconfianza hacia las cerraduras. Para estar seguros, los propietarios de una manzana contrataban a un vigilante para que patrullara el barrio y llevara las llaves de sus viviendas. Para entrar o salir de una casa, el residente daba una fuerte palmada para llamar al vigilante con su llave, por lo que todas las entradas y salidas se convertían en un asunto público: un interesante ejemplo de renuncia a la privacidad por parte de una comunidad al renunciar a la posesión de una llave.

Mejores herramientas

Con la llegada del siglo XIX y la expansión de la industrialización, los nuevos procesos metálicos, las mejores herramientas y la capacidad de crear componentes de cerraduras pequeños y duraderos, el negocio de las cerraduras adquirió su propia importancia.

Innumerables inventores centraron sus carreras en resolver los problemas relacionados con las cerraduras débiles, los materiales rompibles y la mejora de la protección contra las influencias externas.

En un periodo de apenas 100 años, las cerraduras y las llaves recibieron drásticas mejoras, sobre todo gracias al trabajo de famosos inventores como Robert Barron, Joseph Bramah, Linus Yale Sr, James Sargent y Harry Soref; todas sus innovaciones permitieron crear los mecanismos de protección que hoy nos rodean.

Mientras que la fabricación industrial ha asumido la producción del 99,9% de las cerraduras modernas, los cerrajeros mismos son ahora más reparadores que creadores. Sin embargo, los cerrajeros todavía pueden hacer una valiosa aportación en la creación de mecanismos de cierre de alta gama y costosos, como en las cámaras acorazadas y las cajas fuertes personales antirrobo.

Hoy en día, los consumidores disfrutan de la seguridad que aportan las cerraduras electrónicas, el acceso por tarjeta y huella dactilar o el reconocimiento ocular. Con la existencia de las cerraduras electrónicas, las personas ya no tienen que estar limitadas por las llaves.

Las llaves se entregan simbólicamente cuando se cumplen 21 años, suponiendo que a los 21 años un individuo es lo suficientemente mayor como para ser considerado poseedor de las llaves de la casa familiar. Era un signo de madurez, que permitía al titular entrar y salir a su antojo, aunque hoy en día la edad de la adultez se fija en los 18 años en muchos países, ¡pero lamentablemente la madurez no siempre se produce de la noche a la mañana!