Muestran confianza. Revelan estabilidad. Revelan que Portugal consolida constantemente su posición como destino relevante para el capital internacional.

El país recibió 4.800 millones de euros de inversión directa extranjera en este período. Es una cifra ligeramente inferior a la registrada el año anterior, pero aún así expresiva y, lo que es más importante, equilibrada en su composición. De estos 4.800 millones, cerca de 3.400 millones fueron inversiones directas en el capital de empresas portuguesas. Y aquí destacamos un hecho que merece especial atención. Mil millones correspondieron a inversión inmobiliaria, lo que demuestra que Portugal sigue siendo visto como un destino seguro, estable y estratégico para quienes buscan rentabilidad a largo plazo.

El origen de esta inversión también dice mucho sobre el posicionamiento del país. España fue, una vez más, el mayor inversor, con 1.400 millones. Le siguieron Luxemburgo, Francia y Reino Unido. Todos ellos países con sistemas financieros maduros y gran capacidad de análisis de riesgos. Cuando estos mercados deciden invertir en Portugal, no lo hacen por casualidad. Lo hacen porque reconocen valor, oportunidades y un marco institucional que inspira confianza.

Por supuesto, Portugal también invierte en el extranjero. En el mismo período, las empresas portuguesas invirtieron 2.100 millones de euros en mercados extranjeros, principalmente en los Países Bajos y España. Este movimiento también es relevante porque demuestra que Portugal no es sólo receptor de inversiones, sino también emisor. Somos parte activa del tejido económico europeo, participando en las cadenas globales de valor y buscando oportunidades que complementen el crecimiento interno.

Lo realmente impresionante, sin embargo, es la evolución a largo plazo. Desde 2008, el stock de inversión extranjera directa se ha duplicado. Ahora representa el 69% del PIB. Es un porcentaje enorme para un país de nuestro tamaño. Demuestra que Portugal está hoy, literalmente, construido en gran parte por capitales internacionales que creen en nuestro futuro.

Contrariamente a lo que algunos temen, la afluencia de capital extranjero no disminuye el país. Al contrario, lo refuerza. Ayuda a financiar empresas, atraer empleo cualificado, modernizar sectores, internacionalizar PYME y crear conexiones con mercados a los que de otro modo no tendríamos acceso. Y todo esto ocurre mientras Portugal mantiene la estabilidad política, apuesta por la modernización del Estado y persigue la transición energética y tecnológica que el mundo demanda.

Por supuesto, hay desafíos. Es necesario garantizar que esta inversión siga siendo productiva, que llegue a las áreas que más contribuyen a la competitividad y que sirva de palanca para nuestras empresas. Pero, vista desde arriba, la fotografía es clara. Portugal sigue estando en el radar del capital mundial y sigue siendo un país donde los inversores sofisticados quieren estar.

Si hay una señal positiva para la economía portuguesa en este momento, es ésta. El mundo cree en Portugal. Y Portugal está aprendiendo por fin a creer también en sí mismo.