"El 11 de diciembre, la huelga provocó la cancelación de unos 400 vuelos, operándose únicamente servicios mínimos, con la excepción de dos compañías: easyJet y Ryanair", anunció el SNPVCA.
Respecto a las dos compañías de bajo coste, el sindicato añadió que, "aunque eran residuales, los vuelos operados por easyJet, además de los servicios mínimos, eran operados por directivos o tripulación de otras bases, violando una vez más la legislación portuguesa". Esta situación es inaceptable y repetitiva, por lo que se pedirá de nuevo la intervención de la ACT [Autoridad para las Condiciones de Trabajo] y se abrirá un proceso administrativo contra easyJet".
El sindicato culpa al Gobierno "de los trastornos causados a los pasajeros y de los gastos inherentes a la huelga de hoy." "La postura intransigente de este Gobierno es enteramente su responsabilidad", afirma el SNPVA.
La SNPVCA subraya que, "a pesar de que el Gobierno minimice los índices de participación e intente desacreditarlos, la contundencia de esta huelga es evidente, habiéndose cancelado varios vuelos en los días anteriores", asumiendo las compañías que "la participación sería abrumadora, [y] no arriesgándose a un muy probable caos en los aeropuertos."
"Por lo tanto, afirmar que la huelga general fue insignificante es no tener noción de la realidad o estar atado a la propia doctrina ideológica", añade el comunicado.
El Gobierno, a través del ministro de la Presidencia, Leitão Amaro, consideró insignificante la participación. La CGTP afirmó que tres millones de trabajadores secundaron la huelga, y la UGT estimó una participación del 80%.
Esta fue la primera huelga general convocada por la CGTP y la UGT en 12 años y afectó a sectores como el transporte, las escuelas, los hospitales y los centros de salud.







