La última encuesta del Banco Europeo de Inversiones(BEI) muestra exactamente eso. Una de cada seis empresas portuguesas admite que aumentará sus inversiones en 2025. Esto representa el 16% del tejido empresarial, una cifra muy superior a la media de la Unión Europea, que se sitúa en el 4%. La diferencia es grande. Y el mensaje es claro.

Tras escuchar a cerca de 500 empresas portuguesas, el BEI concluye que nuestras empresas siguen mostrando una fuerte disposición a invertir y una visión de futuro más optimista que la mayoría de sus socios europeos. En un contexto internacional difícil, marcado por la incertidumbre económica, las tensiones geopolíticas y la inestabilidad de los mercados, estos datos son aún más valiosos.

Lo que más me llama la atención de este estudio es comprender dónde se está realizando esta inversión. Las empresas portuguesas están invirtiendo más que la media europea en innovación, utilizan cada vez más la inteligencia artificial en sus procesos internos y están reforzando la inversión en la transición climática. En otras palabras, no sólo están creciendo en cantidad. Están evolucionando en calidad.

También hay un claro esfuerzo por diversificar las cadenas de suministro, una respuesta directa a las debilidades que han quedado al descubierto en los últimos años. Las empresas son más prudentes, más estratégicas y están más preparadas para los choques externos. Esto demuestra madurez.

Otro dato muy relevante es que el 84% de las empresas portuguesas invirtieron en el último año. Esta cifra es prácticamente idéntica a la de 2024 y muy próxima a la media europea. No estamos hablando de casos aislados. Hablamos de una dinámica generalizada en el tejido empresarial.

Al mismo tiempo, hay conciencia de las dificultades. Las empresas son más pesimistas sobre el clima económico mundial y el entorno político y reglamentario. Falta mano de obra cualificada, hay incertidumbre sobre el futuro y las normas no siempre ayudan. Siguen siendo obstáculos reales y mayores que los que afronta la media europea. Pero a pesar de ello, las empresas mantienen la confianza en las perspectivas de sus propios sectores. Y eso marca la diferencia.

Otra señal muy positiva procede de la igualdad entre hombres y mujeres. Portugal tiene una de las tasas más altas de mujeres en puestos directivos de la Unión Europea. El 41% de las empresas tienen al menos un 40% de mujeres en la alta dirección, y tengo la suerte de conocer a varias. Estos datos no son sólo estadísticos. Dicen mucho de la evolución cultural y organizativa de nuestro tejido empresarial.

Para mí, estas noticias resumen bien el momento que vive Portugal. Tenemos retos estructurales. Tenemos viejos problemas que aún no están resueltos. Pero también tenemos empresas que quieren invertir, innovar, crecer y competir en el exterior. Tenemos empresarios que no esperan a que el futuro llame a su puerta. Lo están construyendo.

Tras años de escribir sobre inversión extranjera, tecnología, logística, industria, energía y capital riesgo, este estudio del BEI viene a confirmarlo. Portugal no es sólo un país atractivo para invertir. Es, cada vez más, un país en el que las propias empresas creen.

Y cuando las empresas creen, el país avanza.