La inmigración en Portugal ha entrado en una fase de fuerte desaceleración tras el pico registrado entre 2022 y 2023.
En 2024 y a lo largo de 2025, el número de trabajadores extranjeros que entraron en el país cayó bruscamente, mientras que las salidas siguieron aumentando, lo que perfila una clara inversión de la tendencia que ha sostenido el mercado laboral en los últimos años.
Según ECO, basado en el análisis del Banco de Portugal, las entradas de extranjeros registrados en la Seguridad Social disminuyeron un 35% en los ocho primeros meses de 2025 en comparación con el mismo periodo de 2024, cayendo a una media mensual de unas 12.000 personas. Al mismo tiempo, el saldo migratorio se ha deteriorado rápidamente, con el pico mensual cayendo casi a la mitad en sólo dos años, lo que refleja principalmente la fuerte caída de las entradas.
El diario también destaca que las salidas de extranjeros llevan siete años consecutivos en sentido contrario, habiendo aumentado casi un 40% en 2024 y duplicándose respecto a 2022. Este éxodo, que incluye a trabajadores por cuenta ajena y cualificados, plantea un reto estructural a la economía portuguesa, cada vez más dependiente de la inmigración para responder al envejecimiento de la población y a las necesidades del mercado laboral.





