Pero cuando se observa la economía portuguesa con cierto distanciamiento y datos en la mano, la imagen que emerge es mucho más sólida de lo que sugiere el ruido. El trabajo más reciente del comité de ciclos económicos de la Fundación Francisco Manuel dos Santos así lo confirma: Portugal entra en 2026 con un crecimiento sostenido, una elevada confianza empresarial y uno de los periodos de expansión económica más largos de su historia reciente.
El comité, dirigido por Ricardo Reis y compuesto por ocho de los principales economistas del país, analizó cientos de indicadores y llegó a una conclusión clara: la economía portuguesa seguirá creciendo en 2026, prolongando una secuencia de 22 trimestres consecutivos de expansión que comenzó en 2020. En un contexto internacional marcado por la persistencia de la inflación, las tensiones comerciales y la incertidumbre geopolítica, este rendimiento no es trivial.
Uno de los factores clave de esta resistencia ha sido la aplicación masiva de fondos del Plan de Recuperación y Resistencia. La llamada "bazuca europea" entra en su último año de ejecución en 2026, lo que supone elevados niveles de inversión pública, dinamizando la economía y estimulando directamente la actividad en sectores estructurantes como la construcción, la energía, las infraestructuras, la tecnología y los servicios públicos.
A diferencia de ciclos anteriores, el crecimiento no se basa únicamente en el consumo o el turismo. Aunque el turismo sigue mostrando un impulso impresionante, con un crecimiento del empleo del 10%, los servicios en general han sostenido la actividad económica y compensado la caída de las exportaciones de bienes provocada por los efectos de los aranceles estadounidenses. Curiosamente, el Comité señala que la economía portuguesa resistió "sorprendentemente bien" este choque externo.
Otra señal importante para 2026 procede de la inversión privada. El aumento del número de permisos de construcción, la mejora de los índices de confianza del sector y la evolución positiva del empleo, especialmente a través de contratos indefinidos y autónomos, apuntan a un ciclo inversor más sano y estructural.
Hay riesgos, por supuesto. La inestabilidad geopolítica, la todavía elevada dependencia del turismo, las dificultades de la economía alemana y las tensiones comerciales entre Europa y China son factores que no pueden ignorarse. Pero lo más relevante es que estos riesgos se encuentran hoy con una economía portuguesa mucho más preparada, diversificada e institucionalmente estable que en crisis anteriores.
Incluso los escenarios más prudentes no apuntan a una depresión en 2026. El riesgo de recesión existe, del orden del 30% al 40%, pero los propios economistas subrayan que el escenario más probable es el de un crecimiento más lento, no una caída profunda.
En resumen, Portugal entra en 2026 con fundamentos sólidos, inversión activa, confianza empresarial y una base económica más madura. En un mundo en transición, esto supone una enorme ventaja competitiva.



