Los datos publicados ahora por el "Consumer Sentiment Survey 2025", del Boston Consulting Group, confirman claramente lo que ya se siente sobre el terreno: la inteligencia artificial ha dejado de ser una curiosidad tecnológica para pasar a formar parte de la vida cotidiana de los portugueses.
Hoy en día, el 67% de los portugueses ya utilizan herramientas de IA al menos una vez al mes. Entre los más jóvenes, de 18 a 34 años, la tasa se eleva al 81%. Este salto de 15 puntos porcentuales en un solo año no se produce por casualidad. Sucede porque Portugal ha construido, en la última década, un ecosistema favorable a la innovación, el talento, la experimentación tecnológica y la rápida adopción de nuevas soluciones digitales.
Aún más relevante es la normalización del uso. Casi la mitad de los portugueses utiliza IA todas las semanas. Esto significa que estamos atravesando el momento en que la tecnología deja de ser una excepción y se convierte en una herramienta estructural, ya sea en el trabajo, en la educación, en los servicios, en la creatividad o en la forma en que las personas organizan sus vidas.
Al mismo tiempo, los datos muestran algo en lo que también he venido insistiendo: la adopción tecnológica no es automáticamente sinónimo de productividad. Sólo el 5% de los usuarios afirma ahorrar más de cinco horas a la semana con el uso de la IA. La mitad considera que la ganancia es inferior a una hora. Esto no es un problema de tecnología. Es un reto de formación, de integración en los procesos y, sobre todo, de liderazgo organizativo.
Portugal está en una fase decisiva. Tenemos una población curiosa, abierta a la innovación y cada vez más cómoda con las herramientas avanzadas. Tenemos empresas, universidades y centros de investigación trabajando directamente con IA en múltiples sectores, desde la industria a la sanidad, desde la energía a las ciudades inteligentes. Pero esta adopción difusa aún debe transformarse en un verdadero salto en la productividad económica.
El propio estudio señala el camino. Las empresas tienen que invertir seriamente en formación continua y práctica. Necesitan integrar la IA en sus procesos reales de toma de decisiones, producción y atención al cliente. Y necesitan líderes que entiendan que no se trata de una moda, sino de la nueva infraestructura invisible de la economía.
También por eso estas cifras son tan importantes para la imagen internacional de Portugal. Los inversores, las empresas globales y los responsables económicos buscan países que combinen estabilidad, talento y rápida adopción tecnológica. Portugal empieza a encajar perfectamente en este perfil.
Lo más interesante es que la percepción pública está siguiendo este cambio. Casi la mitad de los portugueses cree que la IA tendrá un impacto muy significativo en sus vidas en un futuro próximo. El entusiasmo supera claramente al miedo. Y esa mentalidad colectiva es un poderoso activo económico.
Portugal ya no es sólo un país receptor de tecnología. Es un país que la integra, la adapta y empieza a dar forma a su propia versión de una economía más inteligente, más productiva y más competitiva. Esto es lo que he venido observando sobre el terreno, en proyectos, empresas e inversiones. Y es lo que confirman ahora estos datos.
El futuro no acaba de llegar a Portugal. En muchos sentidos, ya ha empezado aquí.


