Se han facilitado más de 6.000 visitas culturales en toda la ciudad, y el modelo ha inspirado programas similares en otras ciudades alemanas.


La iniciativa comenzó en 2015 después de que su fundadora, Christine Worch, viera cómo el aislamiento afectaba a su padre anciano. Los voluntarios adolescentes reciben formación en empatía, incluido el uso de "trajes de simulación de envejecimiento" para comprender los problemas de movilidad. Las personas mayores con ingresos inferiores a un umbral modesto reciben entradas gratuitas, y los participantes afirman haber hecho amistades significativas entre generaciones.