Del mismo modo que el contexto cultural determina cómo se posicionan las personas en el mundo y cómo las perciben los demás, el idioma que se habla en cada país y sus matices tienen una conexión directa con cómo se posiciona una persona y cómo la perciben los demás.

Según un estudio publicado en el blog Preply, el 59% de los encuestados afirma que accede a diferentes aspectos de su personalidad en función del idioma que habla.

Esta afirmación se obtuvo a través de una encuesta realizada a 3.608 personas de varios países, cuyo objetivo era comprender el impacto que los distintos idiomas tienen en las emociones.

Hablando de respuestas emocionales, las principales conclusiones del estudio Preply muestran que el francés es considerado el idioma más romántico y elegante, seguido del italiano.

El portugués es el idioma más amistoso, seguido del español. El alemán fue considerado el idioma más duro de la lista, pero también el más poderoso.

Francisco Rivera, Psicólogo y Director Clínico de Unobravo, explica que "los humanos atribuimos de forma natural la emoción al sonido. Cuando oímos un idioma con ritmos fluidos o vocales abiertas, solemos interpretarlo como más cálido o afectuoso. Los estereotipos culturales amplifican estas percepciones, haciendo que algunos idiomas nos parezcan románticos o elegantes mucho antes de que aprendamos lo que significan las palabras".

El estudio concluye que las distintas percepciones de cada lengua a nivel emocional dependen no sólo del contexto cultural en el que se inserta, sino también del contexto cultural de los distintos países participantes en la investigación.

Esto significa que la muestra no representa un consenso universal, pero da a los lectores una idea de cómo conectan lengua y emoción.