Según la FIPA (Federación de Industrias Agroalimentarias Portuguesas), se trata del primer descenso en valor registrado en la última década, impulsado casi exclusivamente por una corrección de los precios internacionales del aceite de oliva.
Tras años de fuertes subidas debidas a la sequía en la región mediterránea, el precio del "oro líquido" se estabilizó, lo que repercutió directamente en las estadísticas de facturación, aunque el volumen de exportaciones siguió creciendo.
Jorge Tomás Henriques, presidente de la FIPA, subraya que este descenso no refleja una pérdida de cuota de mercado, sino un ajuste del valor.
De hecho, en términos de cantidades, el sector registró un crecimiento significativo en varias áreas, con un aumento del 10% en el volumen de aceite de oliva exportado.
Sin embargo, el dirigente advierte de que el objetivo estratégico de alcanzar los 10.000 millones de euros en exportaciones en 2030 está en riesgo a menos que se refuerce la competitividad nacional y el apoyo a la internacionalización de las marcas portuguesas sea más eficaz.
Ante este escenario, la FIPA reclama al Gobierno la puesta en marcha de medidas urgentes, como la revisión del IVA del 23% para determinados productos alimentarios y la reducción de los costes fijos, especialmente en energía. La federación también aboga por un enfoque más agresivo de la AICEP (Agencia de Comercio e Inversiones de Portugal) y por el refuerzo de la diplomacia económica para ayudar a las empresas nacionales a conquistar nuevos mercados.
Según Jorge Tomás Henriques, la capacidad del sector para seguir siendo competitivo depende de la reducción de las cargas que crean dificultades en las relaciones con los socios europeos y de la inversión continua en la valorización de las marcas portuguesas.








