De esta cantidad, la mayor parte, el 55%, se destinará a Portugal y España, reforzando el compromiso de la multinacional con el mercado ibérico, mientras que el 34% del capital se destinará a Estados Unidos.Esta estrategia llega en un momento de fuerte salud financiera, con la compañía proyectando un flujo de caja operativo para 2028 de 6.500 millones de euros, a pesar de la volatilidad de los mercados internacionales impulsada por los conflictos en Oriente Medio.

El plan de expansión se centra tanto en la producción tradicional como en la transición energética. Repsol estima que aumentará la producción de petróleo entre un 6% y un 10% hasta 2028, alcanzando los 600.000 barriles diarios, impulsada por las operaciones en EE.UU. y Libia y por una recuperación estratégica en Venezuela.

Al mismo tiempo, las iniciativas de baja emisión de carbono representan el 30% de la inversión total. En el sector industrial, la inversión alcanzará los 4.000 millones de euros, con un 40% dedicado a proyectos de bajas emisiones, entre los que destacan el refuerzo de la distribución de Nexa Diesel 100% renovable y la expansión de los mercados de electricidad y gas en Portugal y España, con el objetivo de superar los 4 millones de clientes.

La remuneración al accionista es otro pilar fundamental de este ciclo, con 3.600 millones de euros en dividendos que se prevé repartir hasta 2028.

Para el presente ejercicio de 2026, la compañía ya ha confirmado un pago de 1,051 euros brutos por acción, lo que supone un incremento del 7,8% respecto al año anterior. Este compromiso de incrementar el dividendo en efectivo en torno a un 3% anual, combinado con programas de recompra de acciones de hasta 350 millones de euros, permitirá que el dividendo por acción crezca más de un 6% anual.

Con estos objetivos, Repsol reafirma su ambición de alcanzar cero emisiones netas en 2050, manteniendo una trayectoria de transición rentable y sostenible.