En una ciudad definida por iglesias que mezclan el granito barroco con los azulejos, la Igreja de Cristo Rei se erige como una declaración del siglo XX. Terminada en 1954, esta iglesia fue el ancla del regreso de la Orden de los Dominicos a Oporto tras más de un siglo de exilio.

Su arquitectura no recurre al oro ni al típico encanto antiguo. En su lugar, utiliza colores más claros y pavimentos portugueses para dar la bienvenida a sus visitantes. Nos recuerda que los espacios sagrados no tienen por qué mirar siempre al pasado; pueden construirse para reflejar la claridad y el espíritu progresista de la era moderna. Además, consigue unir a la gente, que tal vez sea lo único que importa.