El jugador de 26 años de Albufeira cambió de club, de entrenador e incluso de ciudad en sólo seis meses: regresó al Sporting tras años en el Benfica y se trasladó a Maia para entrenarse a las órdenes de José Barros.

El domingo en Torun, Polonia, todo encajó. Baldé realizó el salto de su vida -8,46 metros en su último intento-, asegurándose el oro con la mejor marca del año.

La victoria marca un importante punto de inflexión para el saltador portugués, que ha luchado contra la inconsistencia en los últimos años, incluida una difícil final en los Campeonatos de Europa de 2024. Ahora se le ve más tranquilo, más confiado y mucho más maduro.

Tras la victoria, Baldé dio crédito a su entrenador por ayudarle a mantener la compostura, diciendo que se trataba simplemente de confiar en el trabajo que habían hecho.

Su oro no es sólo un logro personal, sino también parte de la histórica actuación de Portugal en los campeonatos, donde el país obtuvo los mejores resultados de su historia en pista cubierta.