Este bocadillo poco convencional se creó aquí mismo, en la ciudad, y destaca por sus capas de carne y su espesa salsa de queso, muy diferente de la comida portuguesa más ligera. Hoy en día, la gente lo pide en cafés y restaurantes, a menudo con patatas fritas al lado.

Se inventó en los años 40 o 50, inspirado en el Croque-monsieur francés, pero mucho más grande y picante. En su interior hay bistec, jamón, salchichas y linguiça, todo cubierto de queso fundido y una salsa secreta de tomate y cerveza. Algunos sitios añaden un huevo por encima para darle más sabor, y hoy en día se pueden encontrar alternativas vegetarianas y veganas.

Es una comida completa por sí sola, ideal para compartir, ya que las raciones son grandes y llenan enseguida.
Francesinha demuestra el amor de Oporto por la gastronomía y su voluntad de innovación. ¿Ha probado Francesinha en Oporto? ¿Cuál es su lugar favorito para comerla?