Según un viajero del aeropuerto, desde el momento en que llegaron a la cola desde lo alto de las escaleras para entrar hasta pasar el control de pasaportes, el proceso duró aproximadamente 40 minutos, lo que supone una notable mejora en comparación con los retrasos típicos de las horas punta, de hasta tres horas o más.

La reducción de los tiempos de espera se atribuyó en gran medida a la indisponibilidad temporal del Sistema de Entrada/Salida (SES), que se está implantando actualmente en todas las fronteras europeas.

En ausencia de los procedimientos automatizados del SES, los funcionarios de control fronterizo recurrieron al sellado tradicional de pasaportes. Aunque en teoría la tramitación manual puede parecer más lenta, en este caso agilizó el flujo de pasajeros. Al evitar controles biométricos adicionales y registros en el sistema, los viajeros pudieron avanzar por las colas de forma más eficiente.

Además, el personal del aeropuerto parecía estar bien preparado para gestionar el ajuste, manteniendo las colas estables y garantizando que los pasajeros fueran procesados sin complicaciones.

Esta situación puso de relieve las fases de transición de los despliegues de nuevas tecnologías, ya que los cambios temporales a veces pueden reportar beneficios inesperados, y el aeropuerto de Faro demostró que la flexibilidad operativa puede ayudar a mantener un rendimiento sin problemas, incluso cuando los sistemas están fuera de servicio.

Aunque se espera que el SES mejore la seguridad fronteriza y modernice los viajes a largo plazo, las colas más cortas de hoy nos han recordado que, a veces, los procesos más sencillos pueden agilizar el viaje.