Según datos de marzo de 2026, el sentimiento de los hogares registró un fuerte descenso, reflejando un deterioro significativo tanto de la percepción de su propia situación financiera como de las expectativas para la economía general del país en los próximos 12 meses.

Este clima de incertidumbre se ve alimentado por los riesgos externos, a saber, la inestabilidad en Oriente Medio y el conflicto en Irán, que introducen presiones inflacionistas y amenazan la recuperación económica.

El indicador de clima económico bajó al 2,4% en marzo, frente al 2,8% del mes anterior, siendo el componente de precios el más penalizado por la percepción de que el contexto geopolítico mundial podría forzar nuevos aumentos del coste de la vida.

Aunque el indicador de sentimiento de la Comisión Europea se mantiene por encima del umbral de los 100 puntos (en 103,7), los acontecimientos perturbadores de principios de año, incluido el impacto de fuertes tormentas, han llevado a las instituciones a adoptar una postura más prudente. En este contexto, el Banco de Portugal revisó recientemente su escenario macroeconómico, recortando su previsión de crecimiento para 2026 en 0,5 puntos porcentuales, hasta el 1,8%, con un sesgo persistentemente a la baja.