No en su forma de comportarse, directa, cálida, segura de sí misma y sin artificios, sino en las decisiones que tomó y, lo que quizá sea más revelador, en las que no tomó. En un país que tiende a medir el éxito mirando hacia fuera, Elvira construyó algo de talla mundial justo al lado de casa.

Las coordenadas de un futuro prometedor

Nacida y criada en Almada, resultaron ser las coordenadas precisas de un futuro prometedor. Cuando estaba terminando el bachillerato, la Facultad de Ciencia y Tecnología, de la Universidad Nova de Lisboa, acababa de establecerse en el Monte da Caparica, cerca de donde ella vivía. Sabía que quería ser ingeniera y se matriculó en Ingeniería Medioambiental; sin embargo, sus notas la colocaron en la segunda opción: Física e Ingeniería de Materiales. A pesar de su intención inicial de cambiar más tarde, "acabó gustándole", dice, con el tipo de naturalidad que sugiere que hace tiempo que dejó de sorprenderse por las cosas buenas que surgieron de ese particular desvío.

Necesidad de curiosidad

Autor: João R. Neves;

Para Elvira, un científico no se define necesariamente por unas notas perfectas o un plan estrictamente lineal. Por el contrario, por encima de todo, un científico necesita ser curioso. Curiosidad, resistencia y la obstinada confianza de creer en lo que haces incluso antes de que el resto del mundo te haya alcanzado. Ese conjunto de rasgos marcó la trayectoria de Elvira a partir de entonces.

Un proyecto de sostenibilidad

En 2008, la sostenibilidad aún no era el reflejo institucional en el que se ha convertido desde entonces. Aún faltaban siete años para la consecución de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, y el lenguaje de la tecnología verde aún no había impregnado todas las propuestas de investigación ni todos los informes empresariales. Y sin embargo, el laboratorio de Elvira ya estaba haciendo lo que otros no: construir componentes electrónicos a partir de materiales no tóxicos, abundantes y respetuosos con el medio ambiente, procesados a temperatura ambiente. Ese último detalle, la temperatura ambiente, era la ventaja competitiva. En aquella época, todos los grupos de investigación comparables del mundo que trabajaban con semiconductores de óxido, uno en Tokio, otro en Oregón, procesaban estos materiales a altas temperaturas. Lo que parece una mera distinción técnica supone, en la práctica, un gran cambio cuando se aplica a la industria.

Por aquel entonces, Elvira presentó una propuesta al Consejo Europeo de Investigación para el proyecto INVISIBLE. A pesar de los comentarios desalentadores que recibió a nivel nacional, siguió adelante y no sólo consiguió la subvención, sino que lo hizo como la propuesta mejor clasificada en su campo.

INVISIBLE produjo nuevos transistores basados en óxido, así como el primer transistor de papel, un dispositivo electrónico funcional construido sobre celulosa, el polímero más abundante de la Tierra, y lo hizo de una forma que avanzó con inusitada rapidez desde el descubrimiento en laboratorio hasta la aplicación industrial. Atrajo la atención de grandes empresas tecnológicas, como Samsung, que se comprometió con el laboratorio de Caparica para realizar pruebas de visualización, lo que dio lugar a múltiples patentes. En 2020, más de una década después de su inicio, la Comisión Europea concedió al proyecto el premio Horizon Impact, seleccionado entre miles de proyectos financiados por la escala y rapidez de su impacto en el mundo real.

Reconocimiento creciente

El reconocimiento fue en aumento. En una reciente convocatoria de materiales avanzados de Horizonte Europa, programa en el que compiten en igualdad de condiciones investigadores de los 27 Estados miembros, Portugal se presentó junto a países con mayores infraestructuras y capacidad de financiación, como Alemania y Francia. De los cuatro proyectos seleccionados, en dos de los premiados participó el grupo de Elvira. A lo largo de los años, su laboratorio ha obtenido más de 78,5 millones de euros en financiación de la investigación.

Notablemente, la trayectoria académica y la carrera de Elvira se construyeron en gran parte en Portugal. Junto con su marido, Rodrigo Martins, y dada la oportunidad, fue capaz de construir un grupo de investigación que ahora es una referencia internacional. Viaja mucho, evalúa universidades en el extranjero y forma parte de grupos de expertos en toda Europa, pero siempre vuelve. "Conozco el mundo", dice, "sólo construí aquí".

Burocracia frustrante

Incluso con una carrera distinguida, Elvira sigue señalando una frustración persistente: La burocracia portuguesa. La describe con un particular hastío que le viene de haber intentado cambiar el sistema tanto desde dentro como desde fuera. En su opinión, sigue siendo uno de los mayores obstáculos para la ciencia portuguesa, no la financiación, ni el talento, sino la propia burocracia. Explica que el dinero que llega de la Comisión Europea, no presupuestado y obtenido mediante una intensa competencia, entra en las universidades e inmediatamente "se pinta del mismo color" que el gasto estatal estándar, quedando sujeto a las mismas restricciones administrativas, plazos de contratación e inercia institucional. En investigación, el calendario es crítico; un resultado obtenido meses más tarde puede significar, en campos competitivos, que se ha logrado demasiado tarde. A pesar de sus dos años como Ministra de Ciencia, Tecnología y Enseñanza Superior, sigue teniendo claro lo que no cambió.

Constante estado de investigación

Para Elvira, ser científico significa vivir en un estado constante de investigación, un ciclo continuo de descubrimiento e insatisfacción. De cara al futuro, habla de la ambición de construir un instituto con la infraestructura y el espacio adecuados para lo que ha llegado a ser su laboratorio. Al mismo tiempo, habla de sus estudiantes, los ingenieros a los que forma, que se marchan con el mismo reto implícito que ella encontró una vez: aquí hay algo sin resolver, llévalo más lejos.

El trabajo de Elvira refleja una idea que a veces se pasa por alto: la ciencia no es un proceso individual, sino colectivo. A menudo recuerda un proverbio africano que lo capta con precisión: si quieres ir rápido, ve solo; si quieres llegar lejos, ve juntos.

Al final, ahora podemos utilizar materiales sostenibles en electrónica, como el papel, en parte porque Elvira exploró con perseverancia una posibilidad que aún no era obvia.