Esta medida, derivada de la Directiva 2022/2380, pone fin a un periodo transitorio de más de tres años concedido a los fabricantes y pretende erradicar la acumulación de cargadores incompatibles, normalizando la interfaz de carga de los dispositivos electrónicos.

Aplicación a otros dispositivos

La nueva normativa, que ya ha transformado el mercado de los teléfonos inteligentes y las tabletas, se centra ahora en los ordenadores portátiles, cuya adaptación era técnicamente más compleja debido a sus requisitos de alimentación.

Aunque el estándar promueve la interoperabilidad física, el legislador europeo advierte de un importante matiz técnico: no todos los cargadores USB-C son iguales. Mientras que un cargador de móvil suele suministrar entre 20 y 30 vatios, un portátil requiere al menos 65 vatios, y los modelos de alto rendimiento pueden llegar a necesitar entre 90 y 100 vatios. Esto significa que, a pesar de que el conector es idéntico, muchos usuarios tendrán que invertir en cargadores más potentes, cuyo precio oscila entre 40 y 50 euros.

Comercialización de equipos

Otro cambio significativo radica en la forma de comercializar los equipos: la directiva estipula que siempre debe existir la opción de comprar el equipo sin el cargador incluido. Esta estrategia pretende reducir los residuos electrónicos aprovechando el hecho de que muchos consumidores ya poseen adaptadores compatibles.

Con este último paso, la Unión Europea mejora la experiencia del usuario e impulsa un cambio en toda la industria, sustituyendo los sistemas propietarios y los conectores cilíndricos por una solución universal y más sostenible.