Los experimentos de campo han demostrado que la eliminación de los expositores abarrotados de productos crea más espacio, lo que anima a los clientes a reducir la velocidad, detenerse con más frecuencia y prestar más atención a los artículos. En última instancia, esto puede mejorar el comportamiento de compra a pesar de que haya menos productos directamente visibles.

La investigación también reveló que los pasillos abarrotados, sobre todo cuando los compradores utilizan carritos, pueden reducir la comodidad y limitar el tiempo de navegación. Al identificar los cuellos de botella y simplificar la distribución de las tiendas, los minoristas pueden mejorar tanto la experiencia del cliente como el rendimiento comercial, lo que ofrece una estrategia de bajo coste para aumentar las ventas y, al mismo tiempo, hacer que los entornos de compra sean más accesibles y menos estresantes para los consumidores.