Bruselas ha aclarado que sólo la imposibilidad material de repostar, y no un simple aumento del precio del queroseno, exime de responsabilidad financiera a los transportistas, ya que se considera que la escasez local escapa al control de las compañías, mientras que las fluctuaciones del mercado forman parte del riesgo normal de la actividad.

Para proteger a los pasajeros, el ejecutivo europeo ha reforzado las normas de transparencia, prohibiendo el cobro retroactivo de recargos por combustible una vez comprado el billete.

Las compañías están obligadas a presentar el precio final en el momento de la venta, evitando cargos inesperados, salvo en los viajes organizados en los que así se estipule contractualmente.

Esta medida para reforzar la transparencia llega en un momento de inestabilidad provocado por el bloqueo del estrecho de Ormuz, aunque la Comisión asegura que, hasta la fecha, no hay pruebas de una escasez generalizada de combustible en la Unión Europea.

Además, las nuevas directrices introducen flexibilidad operativa para mantener los vuelos en marcha. Los transportistas podrán quedar exentos temporalmente de la norma de elevación del 90% del combustible, que influye en el peso de los aviones y el consumo de combustible, y estarán exentos de las sanciones por no utilizar las franjas horarias de aterrizaje y despegue si hay problemas de suministro de combustible en los aeropuertos.

De este modo, la Unión Europea pretende mitigar los efectos de las tensiones internacionales en el sector de la aviación sin descuidar los derechos fundamentales de los consumidores.