No ha sido sin la oposición del público. Enormes extensiones de fértiles tierras de labranza, lagos y laderas han sido cubiertas por una pantalla plateada de paneles solares y gigantescas turbinas "eólicas", para consternación de los campesinos, que consideran que se está destruyendo su hábitat para proporcionar una gigantesca batería a los habitantes de las ciudades.
Sin embargo, aunque los gobernantes se den una palmadita en la espalda por haber logrado un cumplimiento ecológico parcial, la alimentación máxima de la red nacional del 80% sólo es alcanzable cuando el apoyo climático es pleno, es decir, cuando el sol brilla, el viento sopla entre 40 y 90 kmh y la lluvia es abundante.Por la noche y en momentos de nubosidad, sequía y condiciones meteorológicas extremas, como la reciente racha de tormentas, los paneles solares no funcionan, las turbinas se bloquean y el agua de las presas se conserva para riego y agua potable.
Debido a estas limitaciones estructurales, la producción puede entonces caer en picado hacia cero y la red debe apoyarse en una aportación de baterías de almacenamiento, importaciones de energía de países de la UE y energía accesoria procedente de combustibles fósiles como el gas natural, que tiene la facilidad de permitir la CAC (Captura y Almacenamiento de Carbono) en almacenamiento subterráneo.
Si la proyección demográfica de aumento de la población se mantiene, el aumento de la demanda de electricidad será más que proporcional. Además, la prevista instalación en territorio portugués de edificios industriales para satisfacer las prodigiosas necesidades de los centros de datos y otros habitantes de la era digital hará indeseable, si no imposible, la ampliación del sistema actual.
La alternativa a la vuelta a la quema de gas natural y carbón leña o petróleo es embarcarse ya en un programa nuclear.
Para evitar posibles periodos de pérdida prolongada o incluso total de energía, Pedro Sampaio Santos, antiguo Secretario de Estado de Ciencia e Innovación y director de la Comisión Europea de Tecnología Energética, defiende la construcción de cuatro centrales convencionales como mínimo para satisfacer las necesidades portuguesas de energía suplementaria constante durante la próxima década.
Es comprensible que su solución provoque temores en la opinión pública, basados en el recuerdo de las catástrofes de Chornobil y Fukushima. Otros críticos señalan el inconveniente de que este tipo de fábricas necesitan entre cinco y diez años para completar un proceso de planificación complejo para lograr una construcción segura pero costosa en emplazamientos ribereños.
Sin embargo, una solución viable en el horizonte es utilizar los prototipos de SMR (reactor modular pequeño), de los que se han encargado, por ejemplo, Rolls-Royce y NuScale Power. A nivel mundial, China lidera el campo de la experimentación con los reactores ACP100 ( Linglong One) y HTR-PM, pero Rusia no se queda atrás e incluso ha incluido un SMR flotante en su programa.En Argentina funciona el modelo CAREM, mientras que en Canadá y EE.UU. se proyectan microrreactores similares para emplazamientos militares e industriales específicos en los que un suministro fiable y constante de energía es esencial en la era digital.
Autor: Enciclopedia de la Energía ;
Una vez concluidos con éxito estos ensayos y procesos normativos, los SMR entrarán en una línea de producción que permitirá su rápida construcción mediante el uso de unidades prefabricadas. Éstas, si se encargan en múltiplos, permitirán reducir los costes iniciales. Aun así, se calcula que los SMR costarán al menos el doble que la instalación de renovables, lo que debe sopesarse con una amortización prevista de ochenta años, mientras que las renovables podrían rondar los treinta años, siempre que no empeoren las condiciones meteorológicas extremas.
Las centrales nucleares tradicionales, con su mayor densidad, pueden producir energía a un precio de 50 a 100 euros por MWh, mientras que los SMR son más elevados, de 70 a 120. En comparación, las renovables de eólica más solar sin almacenamiento son sólo de 25 a 50 euros y el gas natural ronda los 60 euros por MWh, pero es difícil acordar un precio estable debido a los conflictos geopolíticos.
Los costes de mantenimiento no son elevados, y tanto las renovables como los SMR pueden hacer frente a la fabricación de hidrógeno azul, pero el calor generado por los SMR puede utilizarse eficazmente para industrias como las fábricas propuestas para el tratamiento de minerales.
Lo único seguro en el fracturado mundo actual de las aplicaciones energéticas es que la demanda de Sines y otras concentraciones superará a la oferta en 2030 si no se instala un suplemento adecuado.
Para evitar grandes molestias a la población y la redacción de ensayos como éste a mano alzada y a la luz de las velas, esperemos que la gobernanza haga caso de las palabras del Dr. Pedro Sampaio Santos.






