Las obras, valoradas en 1,2 millones de euros y financiadas por el Plan de Recuperación y Resiliencia (PRR), comenzaron en septiembre de 2025 y está previsto que finalicen en julio de este año, según datos facilitados a Lusa por el Instituto Público de Patrimonio Cultural (IP).
El proyecto
El proyecto abarca cuatro tramos de la muralla, situada sobre la ciudad y el río Sado, en el distrito de Setúbal, y tiene como objetivo consolidar la estructura, sustituir los elementos que faltan y mejorar el drenaje de las aguas superficiales.
Durante una visita a los "bastidores" de la obra, entre encofrados de madera, Miguel Rocha, del equipo de diseño arquitectónico, explicó a la agencia de noticias Lusa que la particularidad de este proyecto reside en el uso de tierra apisonada en la construcción original del muro. "No es tan diferente de otras obras patrimoniales. Lo que es diferente es la técnica específica de construcción, que es una técnica muy poco conocida", destacó Miguel Rocha, especialista en construcción con tierra apisonada.
Optar por la tierra apisonada
Ângelo Silveira, director del Instituto del Patrimonio Cultural, también apoya la elección de la tierra apisonada, ya que respeta la naturaleza original de la estructura.
"Este muro es originalmente de tierra apisonada", aunque con el tiempo se le añadieron piedras, "convencidos de que esto le daría más durabilidad", dijo.
Por ello, añadió, la actual intervención de consolidación también acaba funcionando "como ensayo para futuros trabajos en otros tramos de la muralla."
En el caso de Alcácer do Sal, la tierra apisonada está ligada a la historia del castillo y a la reutilización de materiales en el lugar.
"La tierra apisonada se hizo con la tierra que había en el lugar", explicó Miguel Rocha, recordando la proximidad al antiguo Foro Romano de Alcácer do Sal y la incorporación de elementos romanos en la construcción de la muralla.
Ejemplo de ello es el elemento escultórico de mármol asociado a una toga romana, hallado durante la intervención, que habría sido reutilizado para rellenar la estructura de la torre de la muralla, explicó a Lusa André Nascimento, responsable de la empresa Empatia Arqueologia, Conservação e Restauro.
"Ya tenemos autorización para que sea retirada, como medida de salvaguarda", tras la consolidación de los muros y el posterior "relleno de piedra", aclaró el arqueólogo, revelando que también se han encontrado "fragmentos de cerámica de varios periodos cronológicos".
Para este trabajo, los responsables mezclan tierra humedecida con cal para aumentar la estabilidad de la arcilla. Después, la mezcla se coloca en capas dentro de cajas de madera y se compacta hasta que adquiere resistencia.
"Si se hace bien, es un proceso con tantos o más beneficios que la construcción convencional actual", argumenta Miguel Rocha.
Especialidad de la técnica
La especificidad de la técnica hace que la intervención requiera más mano de obra, comparte con Lusa Rafael Lopes, responsable de la ejecución de las obras.
"Es muy difícil conseguir trabajadores. Cuando tenemos un proyecto de este tipo, formamos equipos de trabajo, porque casi nadie tiene conocimientos suficientes de la técnica, reconoció.
Además de la consolidación de la muralla, el drenaje de las aguas superficiales es una de las principales preocupaciones del contrato, sobre todo porque se trata de una zona baja del castillo, por donde escurre el agua.
"Se trata de la zona más baja de todo el castillo. Era muy importante realizar aquí también un tratamiento desde el punto de vista del drenaje", afirmó Albertina Rodrigues, ingeniera civil de Patrimonio Cultural, responsable del seguimiento de las obras, también durante la visita.
Una vez finalizada la intervención, estas particularidades técnicas deberían pasar desapercibidas para los visitantes del castillo.
Pero, para Miguel Rocha, éste es también uno de los signos de la conservación del patrimonio: "Lo primero que [el público] no notará es la dedicación técnica de algunas personas" en este proyecto.







