El aumento de los tiempos de espera, impulsado por el nuevo sistema europeo de control, está provocando que los pasajeros pierdan vuelos de conexión y obligando a las compañías aéreas a recomendar horarios de llegada a las terminales cada vez más tempranos.

Viajar desde los aeropuertos portugueses se ha convertido en un reto de paciencia y logística. Según RENA, la Asociación de Líneas Aéreas de Portugal, el tiempo medio de control por pasajero, tanto a la llegada como a la salida, ha aumentado entre 4 y 5 veces el nivel habitual.

Este empeoramiento generalizado se debe a la aplicación del nuevo sistema europeo de control de fronteras, un expediente que, según el director ejecutivo de la asociación, António Moura Portugal, el país no preparó adecuadamente.

La situación es especialmente grave en el aeropuerto Humberto Delgado de Lisboa, donde las limitaciones estructurales de la infraestructura chocan con el aumento de las exigencias burocráticas. Moura Portugal señala que Portugal no ha sabido coordinar y reforzar los recursos humanos, subrayando que la situación se ve agravada por una infraestructura "muy congestionada".

El dirigente también critica la gestión aeroportuaria, sugiriendo que "se ha dado demasiada prioridad al aspecto comercial" en detrimento de la eficacia operativa, y que no se ha invertido lo suficiente en la policía de fronteras desde la supresión del SEF (Servicio de Inmigración y Fronteras).

Ante el riesgo de que el verano se vuelva "incontrolable", advertencia que ya comparte el Consejo Internacional de Aeropuertos, RENA (Asociación Nacional de Trabajadores de Aeropuertos) pide al Gobierno y a las autoridades que adopten normas más flexibles.

Actualmente, la Policía de Seguridad Pública(PSP) suspende temporalmente la recogida de datos biométricos (como el reconocimiento facial y las huellas dactilares) cuando los tiempos de espera superan los 30 minutos, pero sólo durante periodos limitados.

Las compañías aéreas sostienen que esta suspensión puede prolongarse más de seis horas durante los picos de tráfico de pasajeros sin provocar sanciones de la Unión Europea.

Junto al caos en las fronteras, el sector sigue de cerca la inestabilidad en Oriente Medio y su repercusión en los precios del combustible para aviones.

Pese a admitir su preocupación por los costes, António Moura Portugal descarta, por ahora, cualquier escenario alarmante o riesgo de escasez de combustible que obligue a reducir los vuelos con origen o destino en Portugal.

Sin embargo, el Ejecutivo insiste en la necesidad de flexibilizar las normas de uso de franjas horarias para evitar los "vuelos fantasma", viajes operados únicamente para no perder horas de aterrizaje y despegue, y sugiere también reducir las tasas de tráfico en algunos aeropuertos para sostener la demanda en un entorno económico incierto.

A la espera de soluciones reglamentarias, el consejo a los viajeros no cambia: la anticipación es la única salvaguardia frente a un sistema fronterizo que parece funcionar al límite de su capacidad.