En un contexto en el que se estima que habrá necesidad de construir cerca de 180 mil viviendas en la próxima década, cualquier iniciativa que aumente la capacidad de respuesta del sector gana relevancia. Es en este escenario en el que surge la asociación entre la portuguesa BOND Systems y la europea Unihouse, que promete acelerar la construcción industrializada en el país y aportar escala a un mercado aún limitado.

Actualmente, Portugal produce cerca de 20 mil viviendas nuevas al año, un número claramente insuficiente en comparación con la demanda. La construcción industrializada surge como una de las respuestas más eficaces a este desequilibrio. El modelo, ya consolidado en países como Alemania, Suecia o Reino Unido, se basa en la producción de módulos en fábrica que luego se montan in situ, reduciendo los plazos de construcción hasta en un 50% y disminuyendo significativamente el desperdicio de materiales.

La asociación anunciada ahora busca precisamente combinar esta capacidad industrial internacional con la ejecución local. Mientras Unihouse aporta tecnología, experiencia y capacidad de producción, BOND Systems asume la integración en el mercado portugués, coordinando los proyectos y articulándose con las empresas nacionales. El objetivo es claro: crear una respuesta más rápida y eficaz para proyectos de mayor envergadura, sin alienar a los operadores locales.

Pero a pesar del evidente potencial, la realidad del sector en Portugal muestra que el problema no está sólo en la falta de tecnología o de soluciones. La industrialización de la construcción ya no es una novedad. Existe, está probada y funciona. El verdadero reto está en su aplicación a escala.

Y aquí vienen los bloqueos estructurales que siguen frenando al sector. Los largos procesos de concesión de licencias, la falta de previsibilidad, la excesiva burocracia y la todavía limitada coordinación entre entidades públicas y privadas hacen que muchos proyectos no avancen a la velocidad necesaria. La construcción puede industrializarse, pero el sistema que la enmarca sigue siendo, en muchos casos, analógico.

Otro punto crítico es la adaptación de los diferentes actores del sector. La industrialización requiere un enfoque diferente desde el principio: proyectos diseñados para la producción en fábrica, una mayor integración entre arquitectos, ingenieros y constructores, y un cambio cultural en la forma de ver la construcción. Sin esta adaptación, el potencial de estas soluciones es inevitablemente limitado.

Aun así, hay signos positivos. La entrada de nuevos actores, las asociaciones internacionales y la mayor presión para resolver la crisis de la vivienda están acelerando el cambio. La construcción industrializada empieza a ganar espacio y a ser vista no como una alternativa, sino como una necesidad.

Portugal reúne las condiciones para dar este salto. Tiene empresas capaces, talento técnico y un mercado que necesita urgentemente soluciones más rápidas y eficientes. Lo que falta, una vez más, no son ideas ni tecnología.

Es necesario simplificar los procesos, alinear las entidades y crear un entorno en el que estas soluciones puedan crecer a escala.

Porque al final, construir más es importante.

Pero construir mejor, más rápido y con un sistema que funcione es lo que realmente puede cambiar el mercado.