"Ha entrado en vigor el nuevo régimen jurídico aplicable a las Embarcaciones de Alta Velocidad (AVE) -embarcaciones neumáticas y semirrígidas de gran potencia, cada vez más utilizadas en el tráfico de drogas y de personas frente a las costas portuguesas-", informó el Gobierno en las redes sociales.

En el mensaje, el Ejecutivo añadió que la nueva ley "crea un marco jurídico más exigente y adaptado a los desafíos actuales de la seguridad marítima, sustituyendo al régimen anterior de 1990".

Entre los principales cambios figura la obligación de mantener el buque atracado entre las 21.00 y las 7.00 horas, salvo autorización de la Capitanía Marítima, el uso obligatorio de un sistema automático de localización (AIS), el marcado obligatorio y visible con las siglas "EAV", la notificación previa de las entradas y salidas del territorio y la autorización de la Agencia Tributaria para la importación, exportación y transporte.

La legislación prevé penas de prisión de hasta cuatro años, multas de hasta 100.000 euros para las personas jurídicas y "responsabilidad penal para quien fabrique, transporte, posea o transfiera EAV fuera de las condiciones legales, con pena de prisión de uno a cuatro años".

Amenaza para la seguridad

Según el diario Público, el director de la Unidad Nacional de Lucha contra el Tráfico de Drogas(UNCTE) de la Policía Judicial(PJ), Artur Vaz, afirmó que las embarcaciones de alta velocidad (EAV) son "la principal amenaza a la que se enfrentan actualmente Portugal, España y también Europa" en materia de narcotráfico.

El funcionario dijo que las lanchas rápidas están siendo utilizadas para transportar estupefacientes en el Océano Atlántico, en el corredor entre las Azores, Madeira y las Islas Canarias, hasta la costa de la Península Ibérica.

Las EAV se utilizan para traer cocaína de alta mar, desde barcos que la transportan desde América Latina, en grandes cantidades, así como para ir a Marruecos y al norte de África a recoger hachís.

Vaz describió este método de tráfico de drogas como un problema creciente y una "auténtica piratería marítima", que ha convertido a Portugal en "una importante puerta de entrada de cocaína en Europa".