Pero hay una diferencia importante entre formar a profesionales cualificados y ser capaz de transformar estos conocimientos en empresas capaces de competir en el mercado. Afortunadamente, cada vez empiezan a surgir más ejemplos de la segunda realidad.
Por eso me llamó la atención la noticia de TAPSi, una plataforma de TVDE creada por estudiantes de doctorado de la Universidad de Coimbra que decidió entrar en un mercado dominado por gigantes internacionales a través de un planteamiento sencillo pero diferenciador: operar exclusivamente con vehículos eléctricos desde el primer día.
A primera vista, puede parecer una aplicación de movilidad más. En realidad, representa algo más interesante. Mientras muchas plataformas internacionales siguen gestionando procesos de transición hacia flotas eléctricas, esta startup portuguesa decidió nacer ya preparada para lo que muchos consideran el futuro del sector.
Esta forma de pensar revela algo que considero cada vez más importante para Portugal. La innovación no nace sólo del tamaño de las empresas o de inversiones millonarias. A menudo nace de la capacidad de observar un mercado existente e identificar una forma diferente de hacer las cosas.
También es digno de mención el hecho de que este proyecto surja dentro del ecosistema académico de Coimbra. Llevamos años oyendo hablar de la necesidad de acercar las universidades a las empresas, de transformar la investigación en actividad económica y de crear más puentes entre el conocimiento y el mercado. Proyectos como éste demuestran que este camino por fin está dando resultados.
Al mismo tiempo, esta iniciativa se inscribe en una tendencia que he observado en varios ámbitos de la economía portuguesa. Ya sea en la movilidad eléctrica, la inteligencia artificial, los centros de datos o las energías renovables, empiezan a aparecer empresas nacionales que no sólo buscan seguir las tendencias mundiales, sino posicionarse en la vanguardia de la innovación desde el principio.
La entrada de inversión internacional en este proyecto también es una señal positiva. Cuando los inversores extranjeros deciden apoyar a las empresas tecnológicas portuguesas, están reconociendo el valor del talento, la capacidad de ejecución y las ideas que se están desarrollando en nuestro país.
Por supuesto, no todas las startups tendrán éxito. Es parte del riesgo de innovar. Pero lo que realmente importa es que Portugal está creando cada vez más empresas que nacen con ambición, tecnología propia y una clara visión de futuro.
Y quizá esta sea la mejor noticia de todas. Durante mucho tiempo hemos exportado talento. Hoy también empezamos a exportar innovación.









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