En los últimos años, he escrito varias veces sobre la transformación silenciosa que se está produciendo en Portugal. A menudo hablamos de grandes inversiones internacionales, centros de datos, inteligencia artificial, energías renovables o empresas tecnológicas que eligen nuestro país para crecer. Pero hay un elemento fundamental de este ecosistema que a veces pasa desapercibido: la capacidad de crear empresas innovadoras a partir de ideas desarrolladas por los portugueses.
Esto es precisamente lo que iniciativas como la Startup World Cup ayudan a promover.
Si echamos un vistazo a la lista de 50 empresas seleccionadas, encontramos proyectos relacionados con la salud, la inteligencia artificial, la energía, la sostenibilidad, la biotecnología, la movilidad, la seguridad digital y los servicios financieros. Son áreas que reflejan los retos y oportunidades de la economía global en los próximos años. Y lo que es más importante, demuestran que la innovación portuguesa no se concentra en un único sector, sino que se extiende a múltiples áreas de conocimiento.
Muchas de estas empresas están aún en sus primeras fases. Puede que algunas nunca alcancen la escala con la que sueñan sus fundadores. Esto forma parte de la realidad del espíritu empresarial. Pero ese no es el punto más importante. El verdadero valor reside en crear un entorno en el que las ideas puedan ponerse a prueba, presentarse a los inversores y convertirse en empresas con potencial internacional.
Portugal lleva muchos años oyendo que su mayor activo es el talento. Sigo creyendo que es cierto. Pero el talento por sí solo no basta. Es necesario crear oportunidades para que este conocimiento se transforme en empresas, empleos cualificados, exportaciones e innovación. Precisamente por eso, eventos como éste merecen ser aplaudidos.
La posibilidad de representar a Portugal en una final mundial en Silicon Valley es, naturalmente, importante. También lo es el potencial acceso a la financiación. Pero quizá el aspecto más relevante sea otro. Estas iniciativas crean visibilidad para proyectos que, de otro modo, podrían permanecer desconocidos. Acercan a los emprendedores a los inversores, conectan a las universidades con el mercado y contribuyen a crear una cultura de la innovación que Portugal necesita para seguir evolucionando.
Destacamos también la implicación de entidades como Caixa Capital, Unicorn Factory Lisboa, Startup Portugal, AICEP y varias empresas privadas. El desarrollo de un ecosistema emprendedor no depende únicamente de los fundadores. Se necesitan inversores, mentores, universidades, empresas e instituciones públicas que puedan colaborar.
En un momento en el que Portugal busca posicionarse en la nueva economía digital, iniciativas como la Startup World Cup son mucho más que una competición. Son un escaparate del talento existente en el país y una señal de que una nueva generación de emprendedores está preparada para crear soluciones globales desde Portugal.
A menudo hablamos de lo que nos falta. Quizá también deberíamos fijarnos más en lo que ya estamos construyendo. Porque el futuro económico de Portugal no sólo dependerá de las empresas que atraigamos aquí. También dependerá de las empresas que podamos crear aquí.
Y cuando vemos a cincuenta startups portuguesas compitiendo por una oportunidad de alcanzar el escenario de la innovación global, nos damos cuenta de que hay razones para creer que este futuro ya está en construcción.







