Por eso, cuando leo que el grupo ha realizado otra importante inversión en Europa, no veo solo un nuevo proyecto energético. Veo una demostración más de algo que Portugal no siempre sabe valorar lo suficiente: la capacidad de nuestras empresas para crecer, internacionalizarse y ocupar puestos relevantes en algunos de los sectores más estratégicos de la economía europea.

El ejemplo más reciente nos llega desde Polonia, donde Greenvolt Power ha reforzado su colaboración con BYD Energy Storage para el desarrollo del proyecto BESS de Siedlce. Con una potencia prevista de 600 MW y una capacidad de almacenamiento de 2,4 GWh, se espera que se convierta en el mayor sistema de almacenamiento en baterías del país y uno de los más grandes de Europa. Está previsto que la construcción comience en el tercer trimestre de 2026, y que la puesta en servicio comercial tenga lugar a finales de 2027.

Pero reducir la trayectoria de Greenvolt a Polonia sería subestimar la dimensión que ha alcanzado la empresa. Hoy en día, el grupo está presente en varios mercados europeos e internacionales, desarrollando proyectos de energía solar, eólica y de almacenamiento en países como Italia, Alemania, el Reino Unido, Francia, España y Grecia, entre muchos otros. Nos encontramos ante una empresa portuguesa que hace tiempo que dejó de considerar nuestras fronteras como el límite de su ambición.

Italia es un buen ejemplo de esta estrategia. En un país que se enfrenta al enorme reto de acelerar la transición energética, aumentar la producción de energías renovables y modernizar la capacidad de su red eléctrica, Greenvolt ha ido desarrollando una presencia relevante en proyectos solares, eólicos y de almacenamiento. Lo mismo ocurre en el Reino Unido, uno de los mercados europeos más avanzados en el desarrollo de baterías a gran escala, y en Alemania, donde la transformación del sistema energético requiere inversiones masivas en flexibilidad, almacenamiento e integración de las energías renovables.

Ahí es precisamente donde, en mi opinión, radica la verdadera importancia de esta historia. Durante muchos años, el debate sobre la transición energética se ha centrado casi exclusivamente en la capacidad de producir más energía solar y eólica. Hoy sabemos que eso ya no es suficiente. Cuanto mayor es la producción de energías renovables, mayor es la necesidad de almacenar energía en momentos de exceso para utilizarla cuando aumenta la demanda o cuando no hay sol ni viento.

Polonia ilustra claramente este reto. El crecimiento de la producción renovable ha dado lugar a un número cada vez mayor de situaciones en las que la red no puede absorber parte de la electricidad disponible. Los grandes sistemas de baterías permiten almacenar estos excedentes y devolverlos posteriormente a la red, lo que contribuye a una mayor estabilidad, flexibilidad y seguridad energética.

Solo en este mercado, Greenvolt cuenta actualmente con una cartera de 238 MW en proyectos eólicos, 657 MW en energía solar fotovoltaica y 2 595 MW en sistemas de almacenamiento con baterías. Con la finalización del proyecto de Siedlce, la colaboración con BYD Energy Storage alcanzará unos 4 GWh de capacidad de almacenamiento en Polonia.

Estas cifras son importantes, pero para mí hay un mensaje aún más importante. Portugal no debe limitarse a producir energía renovable barata. Debe crear empresas capaces de desarrollar proyectos, tecnología, conocimientos e inversiones para la transición energética mundial.

Esto es lo que representa Greenvolt.

En un momento en el que la energía se ha convertido en una cuestión de competitividad económica, soberanía y seguridad europea, las empresas capaces de desarrollar infraestructuras energéticas revisten una importancia estratégica que va mucho más allá de su propio sector.

Portugal es un país pequeño en términos geográficos. Pero sus empresas no tienen por qué pensar a pequeña escala. Greenvolt demuestra que es posible nacer en Portugal, crecer a nivel internacional y ayudar a construir la infraestructura energética de países mucho más grandes que el nuestro.

Y quizá este sea precisamente el tipo de historia que deberíamos aprender a valorar más. Porque, mientras seguimos discutiendo con tanta frecuencia si Portugal tiene potencial, algunas empresas portuguesas ya están sobre el terreno demostrando que la verdadera cuestión no es el tamaño del país en el que uno nace.

Es la dimensión de la ambición con la que uno decide competir.