El descubrimiento fue anunciado el 22 de julio por el Observatorio Europeo Austral (ESO), que gestiona el telescopio VLT en Chile, donde se realizaron las observaciones.
El nuevo cuerpo celeste, al que el equipo de astrofísicos ha denominado «exosatélite», orbita alrededor de una enana marrón; esa enana marrón, a su vez, orbita alrededor de la estrella CD-35 2722, que tiene aproximadamente la mitad de la masa del Sol.
«El exosatélite tiene claramente la masa suficiente para ser un planeta, pero no orbita alrededor de una estrella [como lo hacen los planetas], aunque orbite alrededor de un objeto que, a su vez, orbita alrededor de una estrella. El hecho de que se encuentre en el tercer nivel de este sistema [estelar] nos lleva a identificarlo como una luna, aunque no se parezca en nada a las pequeñas lunas rocosas que vemos en el Sistema Solar», afirmó el autor principal del estudio, Kevin Hoy, de la Universidad Diego Portales de Chile, según se cita en un comunicado de la ESO.
Durante años, los astrónomos han intentado sin éxito confirmar la existencia de satélites naturales fuera del Sistema Solar.
Detectarlos en otros sistemas planetarios «podría ayudarnos a comprender mejor la diversidad de su formación y evolución», señaló la ESO, una organización astronómica de la que Portugal es Estado miembro.
«El satélite que parece que hemos identificado es un cuerpo gaseoso gigante que orbita alrededor de un compañero de gran masa que, a su vez, tiene varias veces la masa de Júpiter», añadió otra investigadora del equipo, Alice Zurlo.
El nuevo objeto celeste tiene al menos la misma masa que Júpiter, el planeta más grande del Sistema Solar, mientras que la enana marrón tiene más de 30 veces la masa de Júpiter. Los científicos se percataron de la existencia del nuevo cuerpo celeste al detectar pequeñas oscilaciones en la enana marrón.
Los resultados del descubrimiento se publicaron en la revista científica *Nature*.








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