Es el resultado de una rara combinación de talento, apertura a la innovación, estabilidad institucional y una creciente capacidad de ejecución. Las recientes declaraciones de Dennis Teixeira, director general de Hewlett Packard Enterprise en Portugal, son otra clara confirmación de esta trayectoria.
Cuando el responsable de una de las mayores multinacionales tecnológicas del mundo afirma que "tiene todo el sentido" invertir en Portugal, no está haciendo un mero cumplido diplomático. Está describiendo una realidad que ya es visible sobre el terreno. Portugal se ha convertido en un mercado relevante para tecnologías críticas como la computación avanzada, la nube segura, las infraestructuras de datos y las soluciones directamente vinculadas a la Inteligencia Artificial.
HPE desarrolla tecnología clave para nuevos modelos económicos basados en datos, automatización e inteligencia artificial. Son precisamente este tipo de infraestructuras las que hoy deciden dónde invierten las empresas, dónde crean empleo cualificado y dónde construyen su futuro. Y Portugal está, cada vez más, dentro de este mapa estratégico.
El propio Dennis Teixeira clasifica al país como un "early adopter" Esta característica es a menudo subestimada, pero es decisiva. Los países que adoptan pronto las nuevas tecnologías no sólo aumentan la productividad nacional, sino que se convierten en laboratorios vivos de soluciones que luego se exportan a otros mercados. Esto es lo que crea ecosistemas tecnológicos fuertes y sostenibles.
El papel de los centros de datos en este contexto es absolutamente fundamental. Ahora son la columna vertebral de la economía digital. Impulsan la IA, apoyan la nube, garantizan la seguridad de los datos, permiten nuevos modelos de negocio y escalan empresas. Portugal tiene hoy condiciones únicas para este tipo de infraestructura: energía renovable competitiva, estabilidad política, talento tecnológico y una ubicación geoestratégica privilegiada.
No es casualidad que veamos inversiones consecutivas en este sector, de operadores globales, fondos de infraestructuras y ahora también de gigantes tecnológicos como HPE reforzando su presencia. Esto crea un círculo virtuoso: más tecnología atrae a más empresas, más talento, más inversión y más innovación.
Pero quizá lo más relevante sea el impacto estructural que este movimiento tiene en la economía nacional. Al proporcionar a las empresas portuguesas tecnología punta, HPE no se limita a vender productos. Está permitiendo a las PYME, a los grandes grupos y al propio sector público dar un salto cualitativo en su forma de operar, producir, innovar y competir.
Portugal ya no es sólo un consumidor de tecnología. Se está convirtiendo en un territorio donde la tecnología se construye, se adapta, se prueba y se exporta. Este es el verdadero signo de madurez de una economía moderna.
El futuro de la competitividad nacional se juega cada vez más en este campo: la informática avanzada, los datos, la inteligencia artificial y las infraestructuras digitales. El hecho de que multinacionales como HPE consideren Portugal un mercado prioritario demuestra que el país está exactamente donde tiene que estar en este nuevo ciclo económico mundial.
Y esto, creo, es sólo el principio, ¡pues no es el único artículo y tema que vengo describiendo y publicando que apunta en este sentido!








