Por el contrario, el 28 % de los encuestados afirma que no tiene intención de reducir su gasto, mientras que el 15,3 % se negó a responder o no pudo evaluar la situación.
Los recortes presupuestarios están afectando de forma generalizada a los gastos domésticos no esenciales. Entre los encuestados que reconocen la necesidad de reducir el gasto, salir a comer fuera destaca como el principal sacrificio, citado por el 82,1 % de la muestra.
El sector de la ropa y los complementos le sigue de cerca, con un 73,9 %, y a continuación se sitúan los viajes y desplazamientos no esenciales (67,9 %) y los bienes y actividades culturales (61,9 %).
La austeridad financiera se extiende también a las vacaciones (45,5 %) y a la frecuencia de uso del coche particular (33,6 %). Incluso las compras de alimentos básicos se están restringiendo, en menor medida, en el 21,6 % de los hogares afectados.
Esta intensa presión sobre las finanzas personales coincide con un clima macroeconómico adverso en la zona del euro, caracterizado por unos tipos de interés persistentemente elevados y una inflación en aceleración.
En marzo, el tipo de interés implícito de los contratos hipotecarios invirtió su tendencia a la baja, registrando su primer aumento mensual desde principios de 2024 y situándose en el 3,088 %.
Esta fluctuación elevó la cuota media indexada a 402 euros, el nivel más alto desde diciembre de 2024.
A pesar de un ligero descenso técnico del tipo hasta el 3,065 % en mayo, este alivio quedó finalmente contrarrestado por un aumento de la inflación interanual hasta el 3,3 %, un repunte impulsado principalmente por el aumento del coste de la energía y las materias primas en los mercados internacionales.
A pesar de las dificultades financieras que afectan a los sectores minorista y de servicios, el recurso a las soluciones formales que ofrece el sistema bancario sigue siendo muy bajo. Los datos estadísticos muestran que solo el 23 % de los titulares de hipotecas intentó renegociar los tipos de interés o modificar las condiciones contractuales con sus entidades financieras.
Al extrapolar esta cifra al conjunto de la población portuguesa, el porcentaje de ciudadanos que intentaron revisar sus contratos de financiación inmobiliaria se reduce a un escaso 9 %, lo que demuestra que la gran mayoría de las familias opta por gestionar su liquidez recortando el consumo privado, en lugar de iniciar procesos de reestructuración de la deuda con los bancos.






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