La demanda para el partido contra Noruega, liderada por Erling Haaland, hizo que las entradas más caras del Hard Rock Stadium de Miami alcanzaran un precio récord de 8 millones de dólares.
El entusiasmo de los aficionados británicos se disparó tras la histórica victoria de Inglaterra por 3-2 sobre México, uno de los países anfitriones, en el Estadio Azteca.
Para asegurarse una plaza en el decisivo partido del 11 de julio, los espectadores se enfrentan a un obstáculo económico sin precedentes: en la plataforma de reventa de la federación internacional, las entradas más baratas parten de los 2.760 dólares y suben de forma constante hasta los millones mencionados anteriormente para las localidades de lujo.
Curiosamente, los datos de la plataforma SeatPick revelan que el precio medio de las entradas para este partido ha bajado un 28 % en los últimos tres días, una tendencia que los expertos atribuyen a la temprana eliminación de Brasil, lo que ha liberado localidades en el mercado secundario.
Esta inflación generalizada de los precios ha sido un tema de gran debate a lo largo de todo el torneo, coorganizado por Estados Unidos, Canadá y México, y los grupos organizados de aficionados se han opuesto firmemente a la exclusión económica de los seguidores de a pie.
La situación obligó a la FIFA a establecer una cuota de entradas asequibles y con precio controlado para los aficionados afiliados a cada federación nacional.
La historia reciente pone de relieve la regularidad competitiva de la selección de Inglaterra; ha alcanzado los cuartos de final por tercera vez consecutiva desde 2018 y ahora aspira a mejorar su actuación en el anterior torneo de Catar, donde fue eliminada por Francia en esta misma fase.









Follow us on social media