En una ciudad definida por la piedra desgastada y las callejuelas estrechas, el EDP Sede II va en la dirección opuesta, como una audaz declaración del futuro. Diseñado por el ganador del Premio Pritzker Alejandro Aravena y su empresa Elemental, este proyecto era fuerte, pero sensible. Cómo construir algo masivo y moderno sin comprometer el estilo lisboeta.
Las líneas nítidas del edificio y su pesada fachada de hormigón reflejan a su ocupante, uno de los gigantes energéticos de Portugal. Sin embargo, no es sólo una bonita fachada. Es una máquina de sostenibilidad. Desde los sistemas de refrigeración natural hasta la energía solar integrada, el diseño prioriza la eficiencia sobre la historia.
El trabajo de Aravena demuestra que la innovación no tiene por qué romper la tradición. Por el contrario, subraya el contraste entre el rico pasado de la ciudad y un futuro con visión de futuro, y se erige como una prueba silenciosa y concreta de que la funcionalidad moderna puede tener alma.
