En concreto, las Mouras Encantadas, de aspecto antropomórfico, pueden verse cerca del lugar donde están recluidas: en dólmenes, grutas y aguas sagradas. Solo así pueden liberarse de los hechizos que las obligan a actuar como guardianas.
Dos días después, el 23 de junio, llega la Noche de San Juan, en la que se protege contra la presencia de seres como brujas, duendes y goblins saltando por encima de hogueras y olas del mar (o de una bañera), con la creencia de que así se logra el exorcismo mediante el fuego y el agua. También se puede ahuyentar a los espíritus esparciendo ajo y puerros sobre los umbrales y otras entradas y salidas al inframundo.
De hecho, cada pueblo y aldea tiene su propia historia de fantasmas que contar, aunque algunos prefieren mantenerla en secreto para que sus espíritus clandestinos no sean molestados por extraños.
Tomar tiene sus leyendas relacionadas con la Orden de Cristo y los Caballeros Templarios; Sintra cuenta con sus misterios envueltos en niebla que se remontan a la época de los moros; y otras localidades tienen su propio tipo particular de bruja (bruxa), que aparece como lavandera o curandera, ¡y todas ellas bailan alegremente bajo los nogales!
En 2010, el innovador Teatro Prago adaptó *El sueño de una noche de verano* de Shakespeare a un escenario portugués en una representación sarcástica en el Centro Cultural de Belém. Con algunos diálogos adicionales extraídos de la ópera de Purcell *La reina de las hadas*, traducidos al lenguaje de los reality shows televisivos y los mensajes de texto, los personajes fueron elegidos entre personalidades políticas contemporáneas; el bosque encantado se convirtió en la Asamblea de la República, donde el presidente Oberón supervisa las actividades de los títeres con la ayuda del influencer Puck.
Los actores se enamoran y se desenamoran unos de otros. Sus intentos por comprometerse se ven frustrados por la incapacidad de decir la verdad. La transformación de Bottom en un (tonto) asno que cree de verdad que la Reina de las Hadas lo desea es una parodia del deseo del electorado de ver cordura en su gobierno
El desenlace final —desenrascanço— no es el fin de una fantasía, como escribió Shakespeare, sino más bien el cierre de alianzas fragmentadas que se han forjado en la oscuridad de la pesadilla. El sueño ya no es húmedo, sino malo.








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