Esta herramienta tecnológica está diseñada para permitir a las entidades financieras portuguesas identificar y mitigar rápidamente las amenazas cibernéticas, reduciendo así las tasas de fraude mediante el intercambio de las capacidades de seguridad que protegen la red global de la multinacional.

La nueva plataforma se basa en la correlación directa entre los incidentes de ciberseguridad y las posibles pérdidas financieras. La empresa explica que las pérdidas por fraude suelen derivarse de ciberataques previos, como la explotación de vulnerabilidades del sistema o el robo de credenciales, llevados a cabo mucho antes de la ejecución efectiva de una transacción bancaria.

En términos de volumen operativo, Visa informa de que bloquea aproximadamente 90 millones de ciberataques y 11 millones de correos electrónicos de phishing en todo el mundo cada mes; esta experiencia interna sirvió de base para desarrollar y probar VTIP dentro de su propia infraestructura antes de su lanzamiento comercial.

En declaraciones oficiales, la directora nacional de Visa para Portugal, Rita Mendes Coelho, destacó la relevancia de este lanzamiento dentro del ecosistema local.

«En un mercado como el de Portugal, donde los pagos digitales son una realidad, nuestra responsabilidad es garantizar que la innovación y la seguridad evolucionen de la mano», señaló, añadiendo que el objetivo de la nueva herramienta es «ayudar a los socios a anticipar y neutralizar las amenazas en una fase más temprana».

Las capacidades de la plataforma incluyen compartir indicadores de compromiso vinculados al malware, señalar vulnerabilidades de seguridad específicas, detectar la suplantación de identidad y el uso indebido de la marca, y supervisar las huellas digitales de directivos y empleados.

El sistema también supervisa los datos de pago expuestos en la dark web y los enriquece con información analítica procedente de la red VisaNet.

La empresa señala que este lanzamiento forma parte de un plan estratégico más amplio que ha supuesto una inversión de más de 13 000 millones de dólares en innovación tecnológica y seguridad de redes durante los últimos cinco años, con el objetivo de reforzar la confianza en los pagos digitales ante los ataques cada vez más sofisticados contra el sector financiero.