La superioridad táctica del fútbol español quedó plenamente demostrada anoche en el Dallas Stadium, donde España desmontó sistemáticamente a Francia con una victoria por 2-0 que le aseguró su pase a la final del Mundial de la FIFA de 2026. Los goles de Mikel Oyarzabal y Pedro Porro coronaron una actuación dominante, pero lo realmente destacable fue la facilidad con la que La Roja asfixió a una selección francesa muy bien valorada. Desde el pitido inicial, España controló el ritmo del partido, privando a los jugadores de Didier Deschamps de la posesión del balón y neutralizando por completo sus peligrosos contraataques.

La disposición táctica de España fue una lección magistral de disciplina posicional y organización defensiva. Rodri volvió a anclar el centro del campo con serena autoridad, trabajando junto a Fabián Ruiz para dictar por completo el ritmo del partido. Francia, normalmente tan letal en las transiciones, se vio totalmente asfixiada en el último tercio del campo. Kylian Mbappé quedó totalmente neutralizado por una implacable zaga española, mientras que los esporádicos ataques franceses se desbarataban rápidamente antes de que pudieran amenazar la portería de Unai Simón. El primer gol llegó en el minuto 22, cuando Oyarzabal transformó con sangre fría un penalti, y la victoria quedó prácticamente sentenciada en el minuto 58, cuando Pedro Porro aprovechó una ocasión para doblar la ventaja, dejando a Francia sin respuestas tácticas.

Este último triunfo consolida aún más la asombrosa reputación de Luis de la Fuente como seleccionador nacido para el fútbol de grandes competiciones. Desde que tomó las riendas, De la Fuente ha transformado a España en una máquina ganadora increíblemente eficiente e implacable. Tras haber llevado ya a La Roja a la gloria en la Eurocopa 2024, su capacidad para preparar sistemáticamente a su plantilla para las grandes ocasiones se ha convertido en su seña de identidad. Ha sabido combinar magistralmente la serenidad de los veteranos con la energía explosiva de los jóvenes, creando un equipo equilibrado que, sencillamente, se niega a entrar en pánico bajo presión. Alcanzar otra gran final más es una prueba de su claridad estructural y su perspicacia táctica.

La atención se centra ahora en el Atlanta Stadium, donde la segunda semifinal decidirá quién se enfrentará a España en la gran final. Mañana se reavivarán viejas rivalidades futbolísticas cuando Inglaterra se enfrente a la Argentina de Lionel Messi. Con dos equipos que cuentan con una inmensa calidad y estilos tácticos contrastantes, el encuentro promete ser un duelo explosivo. Para Inglaterra, la oportunidad de alcanzar una final histórica se perfila como algo muy importante, pero deberá superar a los actuales campeones del mundo, que siguen decididos a defender su título.