Soy considerado y respetuoso con la población local de cualquier país que visito y acato la ley, las normas y los reglamentos del municipio, pero las últimas restricciones me confunden.
El objetivo del confinamiento es reducir el contacto humano, pero las autoridades insisten en que nos reunamos con otras personas en los campamentos o en las zonas de aparcamiento oficiales. Nuestro objetivo, o el de la mayoría de nosotros, es mantenernos alejados de la gente y de los virus, pero no se nos permite.
Lo único que nos gustaría es que las autoridades locales nos proporcionen instalaciones, de pago cuando sea necesario, donde podamos vaciar los residuos y reponer el agua, que se nos permita comprar comida y combustible sin discriminación, no queremos causar daños ni preocupaciones a los demás. Sabemos que algunos campistas no hacen lo que deben y abusan de la libertad que se les permite, pero eso se aplica a muchos individuos en todos los ámbitos de la sociedad. Hay que aplicar restricciones a la circulación, ¡pero no al aparcamiento responsable!
El estacionamiento nocturno no afecta a las vistas, y siempre que no cause obstrucción o un problema con los vehículos más grandes se permite aparcar en la parte trasera de las plazas de aparcamiento y en la parte trasera de los edificios, para no oscurecer ni ofender a nadie.
Algunas soluciones podrían ser: aprovechar los terrenos sobrantes y baldíos, lo que también generaría ingresos, establecer límites de tiempo para evitar que alguien se quede más de lo debido, además de normas claras para evitar la confusión y el reconocimiento de las matrículas cuando se vea a los infractores.
A todo el mundo se le está negando la libertad durante la actual pandemia, pero eso no debería significar normas insensibles y castigos para personas sensatas que lo único que desean es que se les deje en paz.
Russell Atherton,
Guia, Albufeira