En un comunicado, CUF confirmó la decisión de no oposición del regulador, que permite llevar adelante la operación anunciada en marzo del año pasado. El acuerdo prevé la compra del 75% del capital del Grupo HPA Saúde, propietario de cinco hospitales y varias clínicas en las regiones de Algarve, Alentejo y Madeira. No se ha revelado el valor de la transacción.
Según CUF, la adquisición es un paso estratégico para reforzar su posición como red nacional de asistencia sanitaria, permitiéndole ampliar y profundizar su oferta de servicios en las Regiones Autónomas de Alentejo, Algarve y Madeira.
La decisión favorable de la Autoridad de la Competencia(AdC) va acompañada de compromisos considerados compatibles con la estrategia de desarrollo de la empresa. Entre ellos, la limitación de los aumentos anuales de precios de CUF, que pasarán a estar indexados a la inflación, y la actualización del salario mínimo nacional.
En cuanto a los problemas de competencia detectados en el Algarve, CUF se ha comprometido a desarrollar un nuevo hospital de tamaño medio en la región, que posteriormente se venderá a un operador tercero. Si entretanto surgiera una iniciativa de construcción de un hospital independiente por parte de otro proveedor, CUF y la AdC evaluarán la conveniencia de mantener este compromiso.
Si ninguno de estos escenarios se materializa, CUF deberá vender un hospital equivalente de su red. Además, la empresa se compromete a vender cualquier actividad cuyos ingresos asociados superen los 15 millones de euros.
Los próximos pasos consisten en la firma del contrato de compraventa, que permitirá completar la transacción e integrar el Grupo HPA Saúde en la red de CUF.
En un comunicado separado, la Autoridad de la Competencia explica que, tal como se notificó inicialmente, la operación podría crear obstáculos significativos a la competencia en el mercado de la sanidad hospitalaria privada. Entre los riesgos identificados están el refuerzo del poder de negociación de CUF con las aseguradoras y los subsistemas de salud, lo que podría afectar negativamente a los usuarios, y una reducción de la presión competitiva en el Algarve.
Para mitigar estos riesgos, el regulador aceptó un paquete de compromisos estructurales y de comportamiento, acompañados de mecanismos de información y supervisión.







