«Fue una gran alegría y también una sorpresa darme cuenta de que este descubrimiento tuvo lugar precisamente en la cueva de Escoural», declaró a Lusa la arqueóloga Sara Garcês, del Instituto Terra e Memória (ITM) de Mação y del Instituto Politécnico de Tomar (IPT), en el distrito de Santarém, y que formaba parte del equipo de investigación, declaró a Lusa.
El resultado forma parte de un estudio internacional publicado en la revista científica *Nature Communications*. Este ha demostrado por primera vez que los rastros genéticos humanos pueden sobrevivir durante miles de años en las paredes de las cuevas, lo que abre nuevas posibilidades para investigar la presencia y el comportamiento de las comunidades prehistóricas.
En la investigación participaron científicos de Portugal, España, Italia, Alemania, el Reino Unido y China. Se analizaron 54 muestras recogidas de 24 paneles de arte rupestre en 11 cuevas de la Península Ibérica, incluida la cueva de Escoural, en el municipio de Montemor-o-Novo.
ADN humano auténtico
De las cinco muestras que revelaron ADN humano antiguo auténtico, tres se identificaron en Escoural, el único yacimiento conocido en Portugal con arte paleolítico en un contexto rupestre.
Con este descubrimiento, ahora sabemos que la cueva de Escoural, que quizá no sea tan conocida por el gran público como muchas cuevas de España, esconde auténticos tesoros. Estos siguen sorprendiendo a la comunidad científica internacional, añadió el investigador.
Según los autores del estudio, una de las muestras recogidas de una costra de calcita pigmentada en la cueva del Alentejo contenía ADN humano, pero no ADN animal. Esta circunstancia excepcional sugiere un depósito directo a través del contacto humano con la pared.
Material genético
Los investigadores admiten que este material genético pudo haber quedado allí a través del tacto, la aplicación de pigmentos o la proyección de fluidos corporales asociados a la creación del arte rupestre o a la interacción con él.
Para Sara Garcês, el descubrimiento supone un cambio de paradigma en la forma de interpretar los restos arqueológicos.
«Esta es una de las partes más interesantes de este descubrimiento, porque estamos pasando de una arqueología de los objetos a una arqueología de los gestos y sus significados», afirmó.
Según la arqueóloga, los resultados indican que la cueva de Escoural «no era meramente contemplativa», revelando una relación física entre los grupos humanos y ese espacio subterráneo.
«Estos individuos dejaron marcas que iban mucho más allá del dibujo: dejaron su propia biología impresa en la piedra», subrayó.
El estudio se desarrolló en el marco del proyecto First-Art, coordinado por Hipólito Collado, investigador del ITM y del Centro de Geociencias, que, en colaboración con el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Alemania, amplió la investigación sobre el arte rupestre al análisis genético.
Los autores consideran que el descubrimiento abre una nueva vía de investigación en arqueología y paleogenética, permitiendo estudiar la presencia humana en las cuevas incluso en ausencia de esqueletos, artefactos o sedimentos arqueológicos.
Análisis del ADN
El análisis del ADN conservado en las paredes podría ayudar a identificar las características biológicas de las poblaciones que frecuentaban estos espacios y a comprender mejor la ocupación y el uso de las cavidades a lo largo del tiempo.
El equipo del ITM de Mação —del que también formaban parte los investigadores Luiz Oosterbeek, Hugo Gomes, Pierluigi Rosina y Virginia Lattao— ya está trabajando sobre el terreno para «consolidar y perfeccionar este protocolo metodológico en otros contextos y cronologías», tanto en Portugal como en el extranjero.
«Queremos seguir liderando esta transición tecnológica, demostrando que es posible obtener datos biológicos revolucionarios mediante el estudio de las expresiones artísticas de nuestros antepasados», concluyó Sara Garcês.









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