«Disponer de espacios con aire acondicionado, no solo en las zonas urbanas sino también en las rurales, donde se pueda llevar a las personas mayores que viven aisladas a un lugar con temperatura controlada y cierta atención sanitaria, sería una medida que complementaría a otras», afirmó el especialista.

Pobreza energética

En una entrevista para el podcast Lusa Extra, Susana Viegas, profesora del Máster en Salud Ambiental y Cambio Climático de la Escuela Nacional de Salud Pública de la Universidad NOVA de Lisboa, destacó la «pobreza energética», que impide a las personas calentar o refrigerar sus hogares.

En las ciudades, la pobreza energética adquiere otras dimensiones debido a fenómenos como las denominadas «islas de calor», que intensifican los efectos de las olas de calor.

«Los edificios y el asfalto irradian calor una vez calentados, y se sabe que puede producirse un mayor aumento de la temperatura en un escenario de ola de calor», señaló la experta, añadiendo que los ayuntamientos deberían aplicar lo recomendado a nivel europeo: más verde y más azul, con la creación de más parques y un mayor acceso de la población a espacios ribereños o acuáticos.

Más árboles

En cuanto a la elección de los árboles, para que la sombra reduzca la radiación de calor, señaló que deben ser especies autóctonas con períodos de polinización cortos, ya que considera necesario «pensar en la población que padece alergias».

Recordó que las medidas que deben aplicar las autoridades durante las olas de calor deben ser a nivel municipal —tal y como se recomienda en Europa— y que deben colaborar equipos de medio ambiente, urbanismo, gestión de parques y salud pública.

El calor en los hospitales

La especialista también advirtió sobre los efectos del calor en los ingresos hospitalarios, tema de un proyecto de investigación en el que participó y que analizó 20 años de olas de calor, llegando a la conclusión de que se produjo un aumento del 20 % en los ingresos hospitalarios.

«Puede haber zonas del país en las que, debido a las características de la población, este aumento sea mayor», admitió.

La investigación concluyó que el aumento se produjo en todo tipo de enfermedades y que los niños fueron los más afectados, principalmente debido a quemaduras por contacto con superficies.

Repercusión en los ingresos hospitalarios

Susana Viegas también destacó que las olas de calor que se producen en mayo o junio tienen un impacto diferente en los ingresos hospitalarios que las de julio o agosto, que suelen coincidir con los periodos vacacionales.

«En mayo y junio, los niños están en el colegio, al cuidado de otras personas, y nosotros estamos trabajando y tenemos menos capacidad para gestionar los espacios que frecuentamos. En julio y agosto, solemos estar de vacaciones, y es posible elegir entre quedarnos en casa, ir a la playa o acudir a un lugar con aire acondicionado. Esto permite a la población adaptarse mejor», explicó.