Sin embargo, en lo que respecta a Portugal, las previsiones oficiales recomiendan calma y prudencia, descartando los escenarios alarmistas. Según los análisis técnicos del Instituto Portugués del Mar y la Atmósfera (IPMA), los efectos prácticos de este fenómeno en Portugal continental son, en general, indirectos y no muestran una influencia estadísticamente significativa en los patrones meteorológicos habituales.

Esto significa que la llegada de este sistema no provocará automáticamente un invierno inusualmente seco, un verano abrasador ni una sucesión inevitable de fenómenos meteorológicos extremos en todo el país.

Estabilidad climática en Portugal

La estabilidad climática de Portugal sigue dependiendo en gran medida de la dinámica atmosférica y oceánica del Atlántico Norte. El Pacífico está demasiado lejos como para determinar los patrones meteorológicos de la Península Ibérica.

Un análisis detallado de los datos históricos de los últimos 35 años reveló a los expertos nacionales que la correlación entre este fenómeno y las variables de precipitación o temperatura en el país es prácticamente inexistente.

Los informes detallados recientemente por el periódico Público aclaran que incluso los fenómenos climáticos extremos observados en Portugal durante la última década deben atribuirse al calentamiento global y a las fluctuaciones de la circulación atmosférica euroatlántica, más que al calentamiento de las aguas tropicales al otro lado del globo.

Por este motivo, el IPMA hace hincapié en la importancia de distinguir entre el tiempo, que define el estado instantáneo de la atmósfera en un día determinado, y el clima, que se refiere a los patrones establecidos a lo largo de varias décadas.

Ciclo climático natural

En cuanto a la mecánica del fenómeno en sí, El Niño es una fase de un patrón climático natural y cíclico conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS); su fase opuesta, la fase fría, se conoce como La Niña.

El episodio actual se caracteriza por un calentamiento inusual de las aguas superficiales en el Pacífico tropical y ecuatorial. Para que un fenómeno de esta naturaleza se declare oficialmente, la temperatura media de la superficie del agua en una zona de seguimiento específica, conocida como la región Niño 3.4, debe superar su valor de referencia en al menos 0,5 grados Celsius.

Las mediciones recientes indican que este umbral ya se ha superado con holgura, con anomalías térmicas de alrededor de 1,2 grados Celsius por encima de lo normal, lo que confirma una tendencia de intensificación rápida y continua.

Previsiones de los modelos estacionales

Las proyecciones de múltiples modelos estacionales internacionales, incluidas herramientas de vanguardia de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. (NOAA) y del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF), indican una persistencia y una intensidad significativas.

Actualmente existe una probabilidad superior al 99 % de que estas condiciones se mantengan activas hasta principios de 2027, y se espera que alcancen su máxima intensidad entre la segunda mitad de este año y los primeros meses del próximo.

Intensificación

Además, las autoridades climáticas estiman que hay una probabilidad superior al 80 % de que este fenómeno se intensifique hasta alcanzar la categoría de «muy fuerte», una perspectiva que ha motivado advertencias por parte de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Cuando el fenómeno alcance este nivel de intensidad, los riesgos de sequías graves, olas de calor e inundaciones catastróficas en todo el cinturón tropical del planeta aumentarán significativamente, lo que afectará gravemente a regiones como Australia y Sudamérica.

El principal reto para los científicos reside ahora en observar cómo este potente fenómeno de El Niño interactuará con un sistema global que ya se encuentra bajo una intensa presión y desequilibrado debido a la acumulación de gases de efecto invernadero.