"Marcha por la Libertad", en inglés "March for Freedom", fue un movimiento que reunió, el 12 de enero, a personas que protestaban por el nuevo confinamiento que, según creen, será muy perjudicial para la economía. Se oyeron gritos, silbidos y palabras de revuelta en Vilamoura durante la protesta contra las nuevas medidas de cierres.

Se encontraban presentes unas 80 personas de todo el Algarve, entre ellas, propietarios y empleados de diversos sectores empresariales. Participaron representantes de restaurantes, agencias inmobiliarias y peluquerías, a los que se unió el temor compartido de perder sus puestos de trabajo, de no poder pagar los salarios y, en algunos casos, el temor de que su empresa cerrara completamente.

La protesta comenzó a las 14.30 horas cerca del aparcamiento de McDonalds en Vilamoura, y fue seguida por un "go-slow" de coches, acompañados por la policía, hasta Loulé, pasando por Quarteira y Almancil. El "go-slow" se realizó sólo con coches y se aplicaron todas las medidas de seguridad y distanciamiento social con un máximo de tres ocupantes por coche.

En los carteles colocados por los manifestantes se leía "Queremos trabajar", "Queremos trabajar", "Queremos libertad", que era el tema principal de la manifestación, ya que la gente gritaba que quería trabajar, y no quería verse obligada a cerrar su negocio.

Sara Santos, una de las fundadoras del movimiento, dijo: "En el origen de esta protesta está la indignación por el cierre de una región como el Algarve, con tan pocos casos. En términos de mortalidad tenemos una tasa de mortalidad de 0,02 aquí en el Algarve, no tiene sentido cerrar con una tasa tan pequeña. Queremos ser libres para trabajar, para salir a comer, tomar las medidas de distanciamiento social necesarias y usar mascarillas".

António Diogo, Bruno Fraga, representantes de la Associação dos Empresários por Quarteira dijeron: "Los empresarios no han tenido ningún apoyo durante el último cierre, la ayuda que llegó, llegó demasiado tarde y las empresas que han logrado sobrevivir desde el verano hasta ahora corren el riesgo de cerrar. Durante el primer cierre las empresas tuvieron pérdidas entre el 60 y el 90 por ciento".

Como alternativa al cierre total, los manifestantes "creen que podemos tener un cierre pero sólo en ciertas áreas del país donde hay mayor riesgo de contraer el virus o a empresas que pueden suponer un riesgo para la salud o para ciertos grupos de edad". Lo que estamos seguros es que lo que se está haciendo ahora ya se ha hecho anteriormente, y no funcionó entonces".

Sónia, una trabajadora del sector de la alimentación que participaba en la protesta, está desempleada desde octubre y no tiene ni idea de cuándo empezará a trabajar finalmente. Además, lamenta que las manifestaciones no hayan tenido más apoyo de la ciudadanía: "Creo que más gente debería protestar, no sé si es porque la gente tiene miedo, pero deberíamos estar aquí con fuerza para mostrar nuestra desaprobación".

En la protesta también encontramos jóvenes que se unieron al movimiento para hacer oír su voz. Este fue el caso de Sandro, quien cuando se enteró de la manifestación, automáticamente quiso unirse: "Las enfermedades son una constante en la vida, lamentablemente, y muchas no tienen cura y esta será otra que tomará años para encontrar una cura", dijo.

Como hombre de 28 años, Sandro también tiene un llamamiento a otros jóvenes: "Esperamos que se nos unan más jóvenes. A veces la gente sólo reacciona cuando siente que se le está haciendo daño, por suerte yo he estado trabajando y recibiendo mi salario, pero no puedo esperar a no recibirlo para empezar a preocuparme por ello". La mayoría de la gente simplemente se sienta en sus sofás, no resolvemos ningún problema en los medios sociales, resolvemos los problemas de venir, hablar y tratar de llegar a alguien que tenga poder de decisión".