Cada vez se habla más de incentivos a la construcción y la rehabilitación como parte de la solución, y eso tiene mucho sentido. Medidas como las rebajas fiscales pueden ayudar a acelerar los proyectos y aumentar la oferta de viviendas. Pero este asunto requiere algo más que prisa. Requiere visión.

Creo que reducir el IVA de la construcción y aliviar la carga fiscal de los propietarios puede ser un paso importante, especialmente cuando estas medidas están vinculadas a la creación de viviendas de alquiler asequibles. Sin embargo, no podemos considerar estos incentivos únicamente como un beneficio financiero inmediato. Estamos hablando de algo mucho más grande. La forma en que construyamos hoy definirá cómo viviremos durante décadas.

Existen riesgos que no podemos ignorar. Los incentivos por sí solos no lo resuelven todo. Muchos proyectos se quedan atascados en largas licencias, lentas decisiones municipales y burocracias difíciles de entender. Además, existe el peligro de que, con las prisas por construir más casas, se rebaje la calidad de la construcción. Y la historia nos enseña bien lo que ocurre cuando esto sucede.

Basta con mirar algunas zonas de Lisboa que crecieron de forma desordenada en los años 70, 80 y 90. Muchos de estos barrios se construyeron deprisa y corriendo. Muchos de estos barrios se construyeron rápidamente, en antiguos terrenos agrícolas, sin una planificación adecuada, con edificios de mala calidad y pocos espacios públicos. El resultado se deja sentir aún hoy en problemas de degradación, falta de confort y dificultades de rehabilitación.

Lo mismo ocurrió en algunas zonas del Algarve, desarrolladas a toda prisa para responder al turismo de masas. A primera vista parecía un progreso, pero hoy sabemos cómo pesan estos errores sobre la ordenación del territorio, el paisaje y la calidad de vida.

Como agente inmobiliario, temo que, debido a la presión social y política, volvamos a caer en soluciones fáciles. Aun así, creo que hoy estamos mejor preparados. La legislación es más exigente, la conciencia medioambiental es mayor y la sociedad está más atenta. Pero esto sólo tendrá efecto si somos rigurosos en nuestras decisiones.

Los incentivos económicos pueden tener un impacto muy positivo. Pueden permitir nuevas formas de construir, como casas prefabricadas, edificios con materiales reciclados, soluciones más rápidas, eficientes y sostenibles. Pueden ayudar a crear viviendas más pequeñas, más flexibles y mejor adaptadas a las familias de hoy. Pero nada de esto vale la pena si sacrificamos la comodidad, la durabilidad y la dignidad.

Una casa no es sólo un techo. Es el lugar donde se construye una vida. Cada metro cuadrado creado hoy influirá en la forma en que vivamos mañana. Por lo tanto, la vivienda asequible debe tratarse como lo que es: una prioridad social y una inversión en el futuro del país.

Los incentivos deben avanzar urgentemente. Pero deben avanzar con normas claras, una planificación urbanística seria y la exigencia de calidad. Construir más es imprescindible. Construir mejor es indispensable.