Y dentro de esta nueva geografía, algunos países empiezan a ocupar posiciones mucho más relevantes que otros. Portugal es, sin duda, uno de ellos.
No sólo por su localización atlántica, sino también por la suma de factores que hoy hacen del país una verdadera plataforma de conexión de bloques económicos. Estabilidad política, un sistema financiero sólido, infraestructuras modernas, un entorno regulatorio predecible, talento cualificado, una cultura empresarial internacionalizada y una red histórica de relaciones con Sudamérica que ningún otro país europeo tiene de esta profundidad.
El acuerdo UE-Mercosur amplifica todo esto. Y para las empresas europeas que quieran entrar en el mercado sudamericano, Portugal aparece como un punto de partida natural. Para las empresas de Mercosur que quieren acceder al mercado europeo, Portugal se convierte en la puerta de entrada lógica. En la práctica, el país asume el papel de hub transatlántico para los negocios, la inversión, el talento y la innovación.
Y esto no es una teoría. Ya está ocurriendo sobre el terreno. Ejemplos como Embraer y otras empresas brasileñas están eligiendo Portugal para instalar sedes europeas, centros de servicios, polos tecnológicos y estructuras comerciales. Los inversores sudamericanos utilizan Portugal como base de expansión. Las multinacionales europeas gestionan ahora su estrategia para América Latina desde Lisboa y Oporto.
Este movimiento tendrá efectos directos en el tejido económico nacional. Y el sector inmobiliario ya no es sólo un activo financiero, sino que se convierte en una infraestructura económica. La logística, los centros de datos, los parques tecnológicos, las oficinas, los polos de innovación y los servicios jurídicos y financieros se han convertido en piezas fundamentales de esta nueva función estratégica del país.
Portugal deja de ser sólo un destino atractivo y se convierte en una plataforma de crecimiento internacional.
Durante muchos años, la economía portuguesa creció principalmente a través del turismo, el consumo interno y la inversión inmobiliaria tradicional. Este ciclo era importante, pero tenía límites. Lo que ahora se dibuja es un ciclo diferente, más profundo y estructural, basado en la integración internacional, las cadenas globales de valor, las exportaciones cualificadas, la inversión productiva y la atracción de talento.
Mercosur ofrece escala, y la Unión Europea ofrece mercado, financiación y estabilidad, y Portugal ofrece el puente entre ambos.
Esta combinación crea una oportunidad histórica para que la economía portuguesa avance. Más inversión directa extranjera, más internacionalización de las empresas nacionales, más creación de empleo cualificado, más centros de decisión instalados en el país, más innovación y desarrollo tecnológico.
No es un crecimiento automático. Requiere visión, estrategia e iniciativa. Pero la ventana está abierta.
En un mundo cada vez más fragmentado por las tensiones geopolíticas y la recesión económica, Portugal emerge como un país fiable, previsible, bien posicionado y con capacidad de ejecución. El acuerdo UE-Mercosur amplía decisivamente esta posición.
Estamos ante uno de esos raros momentos en los que historia, economía y estrategia se alinean, y para mí, el próximo ciclo económico de Portugal empieza ahora.






