Según los datos publicados por el Barómetro de la Lusofonía, un estudio del Ipespe, una gran parte de la población portuguesa considera que el país no está suficientemente preparado para hacer frente a calamidades, incluidas las tormentas y otros fenómenos meteorológicos inusuales.
Esta valoración de los portugueses está directamente relacionada con el "tren" de tormentas que ha asolado el país, causando diversos daños, como inundaciones, árboles caídos, cortes de electricidad, interrupciones del suministro de agua y del tráfico, y pérdidas de infraestructuras.
Antonio Lavaredam, responsable del estudio, politólogo y director del Ipespe, cree que los acontecimientos recientes explican la lectura crítica y la visión negativa de la población. "Cuando los fenómenos extremos se repiten y producen impactos visibles en la vida cotidiana, la percepción de vulnerabilidad institucional tiende a solidificarse, independientemente de las intenciones o compromisos anunciados", afirma.
El experto concluye alertando de que "los ciudadanos reconocen el riesgo climático como un problema estructural, pero aún no se ha traducido en una urgencia cotidiana. La preocupación existe, pero permanece latente, eclipsada por necesidades más inmediatas".







