La prohibición se aplicará a las vallas publicitarias y las marquesinas de autobús, pero no afectará a los carteles de los propios comerciantes. En otras ciudades neerlandesas, como Nimega, La Haya, Utrecht y Delft, se han introducido restricciones similares. La prohibición pretende alinear la política de publicidad pública con los objetivos climáticos y de sostenibilidad de Ámsterdam.

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La prohibición podría enfrentarse a desafíos legales debido a los contratos publicitarios existentes, advirtió un responsable de espacios públicos de la ciudad. Los anuncios de carne representan actualmente el 0,1% de la publicidad exterior, y los de combustibles fósiles, el 4,3%, según un funcionario municipal.