En su intervención en la conferencia National Growth Debate, Reeves subrayó que el actual contexto de inestabilidad geopolítica, exacerbado por la guerra de Irán, hace imperativo el alineamiento con las normas de Bruselas para mitigar las presiones inflacionistas que afectan a los presupuestos familiares.

Barreras comerciales

Para la Canciller, la eliminación de las barreras comerciales con los principales socios vecinos es una de las mayores oportunidades para el crecimiento nacional, marcando un giro en el discurso oficial al integrar la relación con la UE en el núcleo de la identidad nacional británica.

La estrategia propuesta por el Gobierno laborista pasa por adoptar el alineamiento normativo como posición por defecto, especialmente en aquellos sectores en los que las barreras técnicas sólo aumentan el coste de las exportaciones e importaciones sin aportar beneficios prácticos.

Sectores prioritarios

Reeves destacó la industria química y las normas alimentarias como prioritarias para la convergencia normativa, argumentando que los costes adicionales impuestos por el Brexit son soportados en última instancia por los consumidores a través de precios más altos. Esta "victoria económica", como ella la llama, pretende aliviar el coste de la vida facilitando una integración más fluida en el mercado europeo y corrigiendo lo que describió como la "desviación caótica" provocada por el proceso de salida de la Unión.

Sin embargo, este nuevo rumbo no implica una abdicación total de la soberanía en sectores considerados críticos para la competitividad británica.

Control exclusivo

La canciller aseguró que el Reino Unido mantendrá el control exclusivo sobre la regulación de los servicios financieros, la inteligencia artificial y la tecnología, áreas en las que el país pretende dictar sus propios estándares globales.

A pesar de estas excepciones, la primera ministra ya está estudiando un acuerdo que alinee al Reino Unido con el Mercado Único de bienes, una medida que obligaría a las empresas británicas a seguir las normas de Bruselas, reforzando la opinión de Rachel Reeves de que la prosperidad británica es inseparable de su pertenencia al bloque de poder europeo.