No se ve, no se toca directamente, pero sostiene todo lo demás. La evolución de DE-CIX Lisboa es uno de estos casos y merece mucha más atención de la que suele recibir.

En 2025, DE-CIX Lisboa aumentó su capacidad instalada en más de un 120%, alcanzando los 1,8 Terabits. Traducido a algo más tangible, estamos hablando de la capacidad de emisión simultánea de cientos de miles de vídeos en alta definición. Pero más importante que la cifra en sí es lo que representa. Escala, confianza y relevancia internacional. Quienes trabajan estrechamente con el sector saben que los Intercambios de Internet son una de las piezas más críticas de la infraestructura digital mundial. Son el punto donde redes, plataformas, empresas y países se interconectan, y cuanto mayor es la capacidad y densidad de estas conexiones, mayor es la eficiencia, menor la latencia y más competitiva se vuelve la economía digital de un país.

Es aquí donde Portugal comienza a afirmarse de forma coherente. Lisboa deja de ser un mero punto periférico para convertirse en un verdadero centro de interconexión transcontinental, donde Europa, África y América se cruzan con intensidad creciente. Durante años, este papel se ha concentrado en ciudades como Londres o Fráncfort, pero ese equilibrio está cambiando. DE-CIX ha sido uno de los grandes catalizadores de esta transformación, no sólo por su inversión técnica, sino por su visión estratégica de crecimiento y posicionamiento global. Y aquí cabe destacar el trabajo realizado bajo la dirección de Ivo Ivanov, que ha liderado la compañía con una lectura muy clara de dónde está el futuro de la conectividad.

El crecimiento del número de redes conectadas, el aumento de la capacidad global y la inversión en tecnologías de vanguardia demuestran que no se trata de un movimiento reactivo. Es anticipación. Es la preparación para un mundo en el que la inteligencia artificial, la nube y la economía de datos requerirán niveles de capacidad que aún estamos empezando a comprender. Y este punto a menudo se ignora. Hablamos de centros de datos, inteligencia artificial y la nube, pero olvidamos que nada de esto funciona sin una infraestructura de interconexión robusta, eficiente y global.

Esto es exactamente lo que se está construyendo en Portugal. Los cables submarinos, los centros de datos y plataformas como DE-CIX crean un efecto de red que atrae más inversión, más empresas y más talento. Como alguien que participará en la Convergencia Atlántica, veo cada vez más claro que estos movimientos no son aislados. Forman parte de un patrón más amplio, en el que Portugal deja de ser un mero consumidor de tecnología para convertirse en una infraestructura de esa misma tecnología. Y cuando eso ocurre, el impacto ya no es técnico, sino económico, estratégico y profundamente transformador.