El 24 de junio se celebra el Día Nacional de los Romaníes, pero Portugal sigue sin contar con una nueva Estrategia Nacional, más de dos años después de que finalizara la anterior, una situación que está poniendo en peligro la labor de las asociaciones romaníes, la ejecución de proyectos locales e incluso la supervivencia de algunas organizaciones.

La advertencia proviene de Bruno Gonçalves, mediador romaní y vicepresidente de Letras Nómadas, quien acusa al Gobierno de carecer de la voluntad política necesaria para poner en marcha la nueva estrategia y cita el caso de asociaciones que han cerrado o están a punto de hacerlo por falta de financiación.

«Solo Portugal y Malta, dentro de la UE, no han adoptado las nuevas estrategias nacionales», afirmó.

Falta de detalles

Según Bruno Gonçalves, las asociaciones siguen sin conocer los detalles del proceso, a pesar de que el Gobierno anunciara hace meses que el documento se estaba preparando para su consulta pública. «Siempre somos los últimos en enterarnos», se lamentó.

El responsable de la asociación consideró que el retraso está poniendo en peligro programas que han dado resultados en los últimos años, especialmente en materia de educación y mediación comunitaria, y citó como ejemplos los programas «Opré» y «RomEduca», que han aumentado el número de jóvenes romaníes en la educación superior. «Estamos viendo cómo se desmorona este progreso», afirmó.

Ausencia de estrategia

La principal consecuencia de la ausencia de una estrategia es el bloqueo de las líneas de apoyo a las asociaciones romaníes, que permitían la financiación de proyectos a pequeña escala desarrollados por las propias comunidades.

«Tengo información sobre cuatro o cinco asociaciones que, a finales de año, cerrarán sus puertas porque no pueden sobrevivir», señaló.

Falta de estructura técnica

Bruno Gonçalves destaca que la mayoría de estas organizaciones carecen de la estructura técnica y los recursos necesarios para optar a una financiación más compleja, a diferencia de las grandes instituciones del sector social.

El riesgo de que estas estructuras desaparezcan preocupa al líder, quien destaca el papel cada vez más importante de las mujeres romaníes en la dirección de las asociaciones y teme perder el trabajo de desarrollo de capacidades realizado durante la última década.

Apoyo del Ayuntamiento

La realidad descrita por Bruno Gonçalves se refleja en la experiencia de la Asociación Intercultural Romaní (Incig), con sede en Carnide, Lisboa.

El presidente de la asociación, Bruno Oliveira, admite que la organización ya habría cerrado de no ser por el apoyo prestado por el Consejo Parroquial de Carnide.

«Solo el consejo parroquial nos ha prestado algún apoyo ocasional, y eso es lo que nos permite seguir activos como asociación», afirmó.

Promoción de la alfabetización sanitaria

Creada para promover la alfabetización sanitaria y apoyar a las comunidades romaníes en el acceso a la asistencia sanitaria, Incig perdió el acceso a las líneas de financiación que existían en el marco de la estrategia nacional y se vio obligada a buscar apoyo alternativo.

Según Bruno Oliveira, la asociación sigue organizando iniciativas y campañas de sensibilización gracias a las colaboraciones locales, al apoyo logístico de las entidades públicas y a las aportaciones personales de los líderes, los voluntarios y los participantes.

«Si antes contábamos con ese apoyo específico, ahora ya no. Tenemos que buscar otros caminos porque la vida sigue», resumió.

Falta de un compromiso más firme

Este responsable considera que falta un compromiso más firme por parte del Estado con las asociaciones romaníes y advierte de la diferencia entre integración e inclusión: «Muchas veces estamos integrados, pero no incluidos».

La importancia del movimiento asociativo romaní también la destaca la socióloga Maria Manuela Mendes, investigadora responsable del nuevo estudio nacional sobre las comunidades romaníes.

Según la investigadora, aproximadamente la mitad de las más de 2.200 encuestas ya realizadas en el marco de la investigación fueron llevadas a cabo directamente por asociaciones romaníes de todo el país.

«Ha habido una gran colaboración por parte de las asociaciones, los activistas y las personas que representan a las comunidades en los distintos territorios», explicó.

Asociacionismo

Maria Manuela Mendes considera que el asociacionismo fue decisivo para superar la desconfianza en algunas comunidades y para garantizar la recopilación de información en un contexto marcado por el aumento del sentimiento antigitano.

La investigadora advirtió, sin embargo, que el trabajo desarrollado en los últimos años está en peligro. «Sin una estrategia nacional, este trabajo, este empoderamiento y esta autonomía que muchas asociaciones han logrado se ven comprometidos», afirmó.

Explicó que las líneas de apoyo a las asociaciones dejaron de aceptar convocatorias de propuestas a finales de 2021, lo que ha creado dificultades cada vez mayores para que las organizaciones mantengan sus actividades y proyectos.

A pesar del aumento del número de asociaciones y de la diversificación de los ámbitos de intervención, desde los derechos humanos hasta la lucha contra el racismo y la violencia de género, Maria Manuela Mendes admitió que el sector atraviesa actualmente un periodo de gran fragilidad.