El estudio reveló una reducción del 8,1 % en las tasas anuales de enfermedades cardiovasculares, un descenso del 6,2 % en las enfermedades respiratorias y una disminución del 3,1 % en el número total de ingresos hospitalarios en el centro de Londres tras la introducción de medidas de tráfico de bajas emisiones.

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Estos hallazgos se suman a las pruebas de que las políticas de calidad del aire pueden aportar beneficios para la salud pública, además de ventajas medioambientales. Los investigadores subrayaron que hay que actuar con cautela a la hora de interpretar los resultados de intervenciones urbanas complejas, pero señalaron que el estudio respalda en líneas generales la idea de que planes similares en otras ciudades podrían contribuir a mejorar los resultados sanitarios si se adaptan a las condiciones locales.